Las principales causas de carga de enfermedad en adolescentes a nivel mundial corresponden a los problemas de salud mental. Se estima que uno de cada siete adolescentes sufre algún tipo de trastorno mental. Los más frecuentes son la depresión, el trastorno de ansiedad y los problemas conductuales. Por otra parte, el suicidio es la tercera causa de muerte en jóvenes entre 15 y 19 años (World Health Organization, 2021).
A pesar de la magnitud que presentan actualmente los problemas de salud mental en adolescentes, un número significativo no busca ayuda profesional, aun cuando algunos de ellos experimentan sintomatología grave. Uno de los motivos que explica lo anterior, es el estigma hacia la salud mental, posicionándolo como la principal barrera para el acceso a servicios de atención (Thornicroft, 2006; Corrigan, 2004).
La estigmatización se expresa a través de estereotipos, prejuicios y discriminación, afectando tanto las actitudes sociales como la percepción de las propias personas respecto de su salud mental. En el caso de la población adolescente, el estigma tiene una relevancia negativa debido a que esta etapa del desarrollo se relaciona directamente con procesos de construcción identitaria, pertenencia social y la sensibilidad al juicio de los pares, por lo que favorece la evitación y ocultamiento de los problemas de salud mental (Corrigan & Watson, 2002; Thornicroft, 2006).
En América Latina, el estigma hacia los trastornos mentales está mediado por factores socioculturales específicos, como la opinión familiar, las representaciones sociales de la enfermedad mental y las limitaciones estructurales de los sistemas de salud (Mascayano et al., 2016; Yang et al., 2014). Por esto, se hace necesario desarrollar estrategias contextualizadas de intervención y reducción del estigma en espacios educativos y comunitarios.
En Chile, el abordaje del estigma está alineado por el área de la salud, con el plan nacional de salud mental 2017-2025, y a la nueva ley de salud mental 21.331, que promueven el respeto de los derechos humanos, la inclusión social y la reducción de la discriminación hacia personas con problemas de salud mental. Por otra parte, también se alinea con los planteamientos del desarrollo integral de los estudiantes a través de la política nacional de convivencia escolar, que promueve climas escolares inclusivos y respetuosos. Sin embargo, aún son escasas las experiencias orientadas a mitigar el estigma hacia la salud mental en los adolescentes.
Por este motivo, los establecimientos educativos, centros de atención comunitaria y pares, son un espacio estratégico para la promoción de la salud mental y la prevención del estigma. De este modo, es clave el rol de las instituciones educativas y comunitarias en la implementación de programas de alfabetización en salud mental, intervenciones basadas en contacto social y estrategias de promoción del bienestar psicológico (World Health Organization [WHO], 2021; United Nations Educational Scientific and Cultural Organization [UNESCO, 2021).
Es en este contexto que el presente programa busca proporcionar algunas herramientas conceptuales y prácticas para comprender el fenómeno del estigma en adolescentes y desarrollar estrategias orientadas a promover entornos educativos inclusivos y sensibles a la salud mental.