Mg (c). TO. Carolina Muñoz Olivares
Terapeuta Ocupacional, especialista en autismo en población...
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Revisado por: Mg (c). TO. Catalina Pincheira Astete y Mg (c). TO. Carolina Muñoz Olivares
El TDAH en adultos es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades persistentes en la atención, la organización, la regulación emocional y el control de impulsos.Corresponde a la continuidad de un perfil presente desde la infancia, que en muchos casos no fue diagnosticado oportunamente y que en la adultez impacta el funcionamiento laboral, académico y relacional.
Aunque el TDAH se asocia históricamente a la infancia, muchas personas mantienen características significativas en la adultez. En esta etapa, las demandas de autogestión aumentan, lo que puede hacer más evidente el impacto funcional.
Para profundizar en cómo se manifiesta este cuadro en la vida adulta y cómo se aborda clínicamente, entrevistamos a las terapeutas ocupacionales Mg (c). TO. Carolina Muñoz Olivares y Mg (c). TO. Catalina Pincheira Astete, especialistas en población adulta.
El TDAH en adultos es una condición del neurodesarrollo que se caracteriza por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que impacta el funcionamiento cotidiano. Según el DSM-V, estos síntomas deben estar presentes desde etapas tempranas del desarrollo y generar interferencia significativa en distintos contextos (American Psychiatric Association, 2013).
En la adultez, el TDAH no se presenta como un cuadro nuevo, sino como la continuidad de un perfil neurocognitivo iniciado en la infancia. Lo que cambia es su expresión: las dificultades suelen vincularse más a la organización, la gestión del tiempo, la regulación emocional y el control de impulsos que a la hiperactividad motora evidente.
Desde una perspectiva clínica actual, el TDAH en adultos se asocia a diferencias en procesos como:
Asimismo, algunos enfoques contemporáneos lo comprenden también dentro del marco de la neurodivergencia, reconociendo que este funcionamiento puede implicar desafíos en determinados entornos, pero también asociarse a fortalezas como creatividad, pensamiento divergente e hiperfoco.
El TDAH en adultos suele manifestarse de forma predominantemente interna, con menor presencia de hiperactividad motora evidente y mayor expresión en dificultades de organización, regulación emocional y gestión del tiempo.
En esta etapa, la hiperactividad puede transformarse en inquietud mental persistente, pensamientos constantes o dificultad para desconectarse. Esta activación interna no necesariamente está asociada a ansiedad, sino a búsqueda de estimulación, interés por nuevos proyectos o necesidad de variabilidad.
Clínicamente, se observa en:
“El TDAH no “aparece” en la adultez, siempre ha estado, pero en algunos casos, especialmente mujeres y personas socializadas como mujeres, llegan a adultas sin haber sido diagnosticadas en la infancia”, señala Pincheira.
Los síntomas del TDAH en adultos se agrupan en dos grandes dimensiones clínicas: inatención e hiperactividad/impulsividad. En la vida adulta, estos pueden manifestarse de manera más interna que conductual y afectar distintas áreas del funcionamiento cotidiano.
En algunos casos, estas conductas pueden ir acompañadas de culpa posterior.
El TDAH en adultos puede no ser identificado oportunamente debido a varios factores:
El diagnóstico tardío es frecuente y suele ocurrir tras periodos de alta exigencia, burnout, crisis laborales o deterioro significativo en la autoestima o en las relaciones interpersonales.
Como señala Muñoz, en algunos casos la persona es etiquetada como “floja” o “irresponsable”, en lugar de considerarse la posibilidad de un perfil neurodivergente, lo que contribuye a que el diagnóstico llegue cuando ya existen consecuencias importantes en el ámbito laboral, académico o relacional.
La evaluación del TDAH en población adulta puede presentar desafíos clínicos, especialmente en el diagnóstico diferencial con otras condiciones del neurodesarrollo. A continuación, se presenta un seminario académico que aborda estos aspectos desde la práctica profesional.
El diagnóstico del TDAH en adultos es clínico y requiere una evaluación integral realizada por profesionales capacitados. Se basa en la integración de múltiples fuentes de información.
La evaluación suele incluir:
Es importante subrayar que ningún cuestionario por sí solo constituye una prueba diagnóstica definitiva. El diagnóstico se establece a partir del juicio clínico fundamentado en la evaluación global del caso.
El tratamiento para el TDAH en adultos es multimodal y personalizado, lo que significa que combina distintas estrategias según las necesidades, objetivos y contexto de cada persona.
Puede incluir:
Comprensión del perfil neurocognitivo, identificación de fortalezas y dificultades, y reducción de la autointerpretación negativa del desempeño.
Intervenciones orientadas a regulación emocional, autoestima y desarrollo de estrategias prácticas para organización y manejo del tiempo.
Trabajo específico en funciones ejecutivas, estructuración de rutinas, organización de hábitos y adaptación del entorno a las demandas cotidianas.
Modificaciones en tareas, horarios, estímulos o expectativas que faciliten el desempeño funcional.
Uso de agendas, recordatorios, alarmas, apoyos visuales y herramientas tecnológicas para sostener la ejecución de tareas.
Indicación médica en casos seleccionados, bajo supervisión profesional, para apoyar la regulación de la atención, la impulsividad y la autorregulación.
Actividad física, higiene del sueño y manejo del estrés, que influyen significativamente en la forma en que se experimentan los síntomas.
No existe un único abordaje válido para todas las personas. La intervención se ajusta al perfil clínico, las áreas de mayor impacto y las metas individuales.
¿Cómo impacta el TDAH en adultos en la vida laboral, académica y relacional?
El TDAH en adultos afecta diversas áreas de la vida de una persona, tales como:
El TDAH en adultos es una condición del neurodesarrollo que persiste a lo largo de la vida y se expresa mediante diferencias en la atención, la autorregulación y las funciones ejecutivas. Su identificación requiere una evaluación clínica integral y su abordaje suele ser multimodal. Comprender sus manifestaciones permite reducir el estigma, promover ajustes adecuados y favorecer el desarrollo pleno en contextos laborales, académicos y relacionales.
Es la manifestación en la adultez de una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades persistentes en atención, autorregulación y funciones ejecutivas.
Incluyen inatención, desorganización, impulsividad, inquietud interna, desregulación emocional, procrastinación y dificultades en memoria de trabajo.
Si las dificultades de atención, organización o impulsividad están presentes desde la infancia y generan impacto significativo en trabajo, estudios o relaciones, es recomendable solicitar una evaluación clínica integral.
Existen cuestionarios de apoyo, pero el diagnóstico es clínico y requiere una evaluación integral realizada por profesionales capacitados.
No se trata de una condición que “se cure”, sino de un perfil del neurodesarrollo. Sin embargo, con tratamiento adecuado es posible reducir el impacto funcional y mejorar la calidad de vida.
Generalmente, es multimodal e incluye psicoeducación, terapia psicológica, intervención ocupacional, ajustes ambientales y, en algunos casos, medicación supervisada.
Este contenido fue revisado por el equipo de contenidos de ADIPA y por las profesionales Mg (c). TO. Catalina Pincheira Astete y Mg (c). TO. Carolina Muñoz Olivares, especialistas en TDAH en población adulta.
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