Mg. Ps. Paula Vergara Cortés
Psicóloga clínica, Magíster en Psicología clínica "Trauma...
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La violencia psicológica es una forma de violencia que muchas veces pasa desapercibida, ya que no deja huellas visibles, pero sí un profundo impacto emocional. A través de distintos ejemplos en la vida cotidiana, este artículo aborda cómo se manifiesta, cómo identificarla y por qué reconocerla es clave para el bienestar y la salud mental.
La violencia psicológica es una de las formas de violencia más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las más complejas de identificar. A diferencia de la violencia física, no deja marcas visibles en el cuerpo, pero sí puede generar un profundo impacto en la salud mental, afectando la autoestima, la seguridad personal y el bienestar emocional de quienes la experimentan. En muchos casos, se manifiesta de manera sutil, se normaliza en las relaciones cotidianas y puede pasar inadvertida durante largos períodos de tiempo.
Comprender qué es la violencia psicológica, reconocer sus ejemplos en la vida cotidiana y aprender a identificar sus señales, constituye un paso fundamental para el cuidado del bienestar emocional y la construcción de vínculos más saludables.
Este artículo fue desarrollado en colaboración con Mg. Ps. Paula Vergara, psicóloga clínica con magíster en “Trauma y Psicoanálisis Relacional”, quien aborda desde su experiencia profesional cómo se manifiesta la violencia psicológica.
La violencia psicológica se refiere a un conjunto de conductas que generan daño emocional y afectan de manera directa el bienestar psíquico de una persona. A diferencia de un conflicto puntual —que puede darse entre partes en igualdad de condiciones—, este tipo de violencia se instala como una dinámica relacional persistente, marcada por una relación de poder desigual. Su impacto no siempre es inmediato ni visible, pero tiende a profundizarse con el tiempo, afectando la autoestima, la percepción de la realidad y la autonomía emocional.
Una de las principales dificultades para reconocer la violencia psicológica es que muchas de sus manifestaciones se encuentran socialmente normalizadas. Frases, actitudes o silencios que pueden parecer inofensivos en un inicio, cuando se repiten de forma constante, terminan configurando un patrón de desvalorización y control que limita la libertad emocional de quien lo vive.
En este sentido, la psicóloga Paula Vergara advierte que “la violencia psicológica es una forma de violencia que daña directamente el bienestar psíquico y cruza todas las otras violencias, porque afecta el mundo interno de la persona”.
Uno de los aspectos más complejos de la violencia psicológica es que puede manifestarse en diversos contextos y relaciones, adoptando formas que, en apariencia, parecen inofensivas. Sin embargo, cuando estas conductas son reiteradas y generan malestar emocional, constituyen una forma de violencia.
En las relaciones de pareja, la violencia psicológica suele expresarse a través del control emocional, la manipulación afectiva o la invalidación constante de las emociones. Revisar el teléfono sin consentimiento, cuestionar de manera permanente las decisiones del otro o minimizar sus sentimientos son ejemplos frecuentes.
“En la pareja, la violencia psicológica puede manifestarse en insultos, dejar de hablar como castigo, no considerar la opinión del otro o burlarse de gestos de afecto”, señala la docente.
Estas dinámicas generan una relación marcada por el miedo, la inseguridad y la dependencia emocional.
Dentro del entorno familiar, esta forma de violencia puede presentarse a través de descalificaciones reiteradas, comparaciones constantes o humillaciones públicas. Comentarios como “nunca haces nada bien” o “siempre arruinas todo” pueden parecer triviales, pero cuando se repiten en el tiempo tienen un impacto profundo en la autoestima.
Según la docente, “la persona que vive violencia psicológica suele sentirse invalidada, no escuchada o desconfirmada en sus emociones”, lo que refuerza sentimientos de inseguridad y culpa.
En el ámbito laboral, la violencia psicológica puede adoptar la forma de acoso, invisibilización o desvalorización profesional. Excluir a una persona de reuniones, cuestionar constantemente su desempeño o ridiculizar sus aportes son prácticas que afectan directamente la salud mental.
“En el trabajo es común ver invalidaciones reiteradas, cuestionamientos permanentes o la exclusión de espacios, lo que genera confusión y desgaste emocional”, añade la docente.
Existen conductas que han sido ampliamente normalizadas y que muchas veces no se reconocen como violencia. Frases como “eres muy sensible”, “estás exagerando” o “todo es una broma” cumplen la función de invalidar la experiencia emocional del otro.
La psicóloga advierte que “cuando estas conductas se vuelven crónicas, repetidas y generan sufrimiento, estamos frente a violencia psicológica, aunque al inicio puedan pasar inadvertidas”.
La violencia psicológica presenta ciertas características comunes que permiten identificarla más allá del contexto en que ocurra.
El control emocional se manifiesta cuando una persona busca regular las decisiones, emociones o conductas del otro mediante el uso de la culpa, el miedo o el chantaje emocional.
Las críticas reiteradas erosionan progresivamente la autoestima. Con el tiempo, la persona puede comenzar a dudar de su propio valor y de sus percepciones.
Otra característica frecuente es el aislamiento progresivo de redes de apoyo, como amistades o familiares. Al debilitar estos vínculos, se fomenta la dependencia emocional y se refuerza el control sobre la persona afectada.
“Muchas personas comienzan a alejarse de sus redes porque sienten vergüenza o porque su entorno ha sido deslegitimado por quien ejerce la violencia”, señala la docente.
El gaslighting es una forma de violencia psicológica que consiste en manipular la percepción de la realidad del otro, haciéndolo dudar de su memoria, juicio o emociones. Comentarios como “eso nunca pasó” o “te lo estás imaginando” son ejemplos comunes de esta práctica.
La violencia psicológica puede clasificarse en distintos tipos según su forma de manifestación. Puede ser directa, cuando las conductas son explícitas; sutil, cuando se presenta de manera encubierta; crónica, cuando se sostiene en el tiempo; o manifestarse en contextos de relaciones de poder, como vínculos jerárquicos o dependientes.
Reconocer estos tipos permite comprender que no todas las formas de violencia psicológica son evidentes, pero todas tienen un impacto significativo en la salud mental.
Identificar la violencia psicológica requiere atención a señales emocionales y conductuales que suelen aparecer de forma progresiva.
Algunas señales emocionales frecuentes incluyen ansiedad persistente, culpa constante, miedo a expresar opiniones, tristeza prolongada o una disminución marcada de la autoestima.
“También pueden aparecer síntomas físicos, como problemas de sueño o alimentación”, añade la psicóloga.
El aislamiento, la hipervigilancia y la dificultad para tomar decisiones de manera autónoma son señales relevantes que no deben ser minimizadas.
Frente a una situación de violencia psicológica, es fundamental reconocer que no se trata de una experiencia que deba enfrentarse en soledad. Existen estrategias y recursos que pueden contribuir al cuidado del bienestar emocional y a la recuperación de la autonomía personal.
Contar con redes de apoyo es fundamental. Hablar con personas de confianza permite validar la experiencia emocional y romper el aislamiento que muchas veces acompaña a la violencia psicológica.
“A veces basta con un solo vínculo protector que valide la experiencia para comenzar a salir de estas dinámicas”, comenta la docente.
El acompañamiento psicológico permite comprender estas dinámicas, reparar el daño emocional y fortalecer la autonomía personal.
La educación emocional y la visibilización de la violencia psicológica son herramientas esenciales para su prevención. Reconocer estas conductas como formas de violencia permite cuestionarlas y evitar su normalización.
“Es la base de un espiral de violencia que puede escalar hacia formas más graves”, advierte la especialista.
Reconocer los ejemplos de violencia psicológica en la vida cotidiana es fundamental para proteger la salud mental y prevenir la escalada hacia otras formas de violencia. Nombrar estas experiencias, validarlas y buscar apoyo permite avanzar hacia relaciones basadas en el respeto, la seguridad emocional y el bienestar.
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