Mg. Ps. Verónica Aliaga
Máster en Educación Emocional y Neurociencias Aplicadas,...
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Revisado por: Mg. Ps. Verónica Aliaga, psicóloga con magister en Psicología Positiva Aplicada y máster en Educación Emocional y Neurociencias Aplicadas, Fundación Liderazgo Chile.
El ataque de pánico es un episodio de miedo intenso de inicio súbito que activa fuertemente el sistema nervioso, generando síntomas físicos y psicológicos de alta intensidad. Se diferencia de la ansiedad porque aparece de forma abrupta y con una sensación inmediata de amenaza o pérdida de control.
El ataque de pánico es una de las experiencias más intensas dentro del espectro de la ansiedad, y suele generar alta preocupación en quienes lo experimentan por primera vez. Comprender qué es, cómo se manifiesta y en qué se diferencia de la ansiedad resulta clave para una adecuada intervención. Para abordar este fenómeno desde una perspectiva clínica, entrevistamos a Mg. Ps. Verónica Aliaga, psicóloga y especialista en educación emocional y neurociencias aplicadas.
Un ataque de pánico es un episodio agudo de miedo intenso que aparece de manera repentina y alcanza rápidamente una alta activación física y emocional. Se trata de una respuesta del sistema nervioso que se desregula, activando una señal de alarma desproporcionada frente a la situación real.
A diferencia de otras formas de ansiedad más graduales, el ataque de pánico se caracteriza por su rapidez de aparición y la intensidad de sus síntomas, lo que genera en la persona una vivencia de urgencia, amenaza inmediata o pérdida de control.
“Puede presentarse en distintos contextos, a veces sin un desencadenante claro, y en situaciones en que la persona vive como exigentes, amenazantes o emocionalmente intensas”, detalla la docente.
Los ataques de pánico se manifiestan a través de una combinación de síntomas físicos, cognitivos y emocionales que aparecen de forma abrupta y se intensifican en pocos minutos.
“El cuerpo entra en un estado de activación extrema, con palpitaciones, sensación de falta de aire, presión en el pecho, mareo o inestabilidad, mientras que la mente intenta interpretar lo que está ocurriendo”, explica la psicóloga.
Los síntomas físicos de los ataques de pánico reflejan la activación intensa del sistema nervioso. Entre ellos, se encuentran:
A nivel cognitivo, la persona intenta interpretar lo que ocurre, muchas veces de forma catastrófica. Acá pueden aparecer:
La experiencia emocional suele ser intensa y desbordante, como:
La ansiedad es una respuesta emocional y fisiológica anticipatoria frente a situaciones percibidas como amenazantes o inciertas. A diferencia del ataque de pánico, suele desarrollarse de manera más progresiva y mantenerse en el tiempo.
“La ansiedad es una respuesta más sostenida en el tiempo. Tiene que ver con anticipación, preocupación o tensión frente a algo que podría ocurrir”, señala la docente.
Aunque los ataques de pánico y la ansiedad comparten algunos síntomas, difieren en su intensidad, duración y forma de aparición. Comprender esta diferencia es clave para un adecuado abordaje clínico.
Los ataques de pánico se comprenden como el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí, generando una activación intensa del sistema de alarma del organismo. Más que una causa única, se trata de un fenómeno complejo donde influyen variables individuales, emocionales y contextuales.
“Los ataques de pánico no responden a una única causa, sino que suelen surgir de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y contextuales”, explica la especialista.
Se relacionan con el funcionamiento del sistema nervioso y la predisposición individual. En estos factores, se encuentran:
Involucran la forma en que la persona interpreta y regula sus experiencias internas. Acá aparecen:
Los factores ambientales se vinculan con el contexto y experiencias de vida, como:
Un ataque de pánico aislado no necesariamente implica un trastorno, pero es importante consultar cuando comienza a afectar la vida cotidiana.
“No es necesario esperar a estar en crisis para pedir ayuda. Consultar a tiempo permite no solo aliviar el malestar, sino también desarrollar herramientas para sostenerse mejor y prevenir que el problema se agudice”, advierte la docente.
Los ataques de pánico pueden presentarse de forma aislada o en el contexto de otros trastornos de salud mental.
“En términos clínicos, los ataques de pánico pueden formar parte de distintos cuadros, como trastornos de ansiedad, depresión o estrés postraumático”, explica la especialista.
Entre los más frecuentes se encuentran:
Distinguir entre ansiedad y ataque de pánico permite comprender mejor la experiencia, reducir interpretaciones erróneas y facilitar una intervención adecuada. Reconocer sus diferencias no solo mejora el abordaje clínico, sino que también contribuye a disminuir el miedo asociado y promover estrategias efectivas de regulación.
Es un episodio de miedo intenso de inicio súbito que activa fuertemente el sistema nervioso, generando síntomas físicos y psicológicos.
Los síntomas de un ataque de pánico incluyen: palpitaciones, dificultad para respirar, pensamientos catastróficos, miedo intenso y sensación de pérdida de control.
La ansiedad es una respuesta emocional anticipatoria frente a posibles amenazas, más sostenida en el tiempo que el ataque de pánico.
Un ataque de pánico generalmente dura entre 10 y 30 minutos, aunque la sensación puede extenderse más tiempo.
Un ataque de pánico se produce por la interacción de factores biológicos, psicológicos y ambientales que desregulan el sistema nervioso.
Los ataques de pánico no son peligrosos en sí mismos, pero pueden generar gran malestar y afectar la calidad de vida.
Las diferencias principales es que la ansiedad es sostenida y anticipatoria, en cambio, el ataque de pánico es súbito, intenso y de corta duración.
Se recomienda consultar por ataques de pánico cuando los episodios son frecuentes, generan evitación o afectan el funcionamiento diario.
Contenido revisado por Mg. Ps. Verónica Aliaga, psicóloga con máster en Educación Emocional y Neurociencias Aplicadas.
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