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El medio recoge la opinión de Jaime Olivos, psicólogo y docente de Adipa, quien explica que el organismo humano funciona a partir de múltiples relojes biológicos distribuidos en órganos y células, todos coordinados por el cerebro mediante la luz solar.
En la noticia publicada por 13.cl el 4 de abril de 2026, se analiza el impacto que puede generar el inicio del horario de invierno en Chile, cuando los relojes se retrasan una hora. Aunque a simple vista pueda parecer un ajuste menor, la evidencia científica muestra que esta modificación puede producir efectos concretos en el sueño, el estado de ánimo y el rendimiento diario.
El medio recoge la opinión de Jaime Olivos, psicólogo y docente de Adipa, quien explica que el organismo humano funciona a partir de múltiples relojes biológicos distribuidos en órganos y células, todos coordinados por el cerebro mediante la luz solar. Cuando se modifica la hora oficial, estos sistemas reciben señales desalineadas, generando lo que se conoce como “jet lag social”.
“El cuerpo no tiene un solo reloj, sino miles distribuidos en distintos órganos y células. Todos están sincronizados por el cerebro a través de la luz solar. Cuando cambiamos la hora oficial, este sistema recibe señales que no coinciden entre sí”, señala Olivos.
Según investigaciones en cronobiología, el cerebro puede tardar entre uno y cinco días en adaptarse completamente a un cambio de una hora. Durante ese periodo es habitual experimentar dificultades para conciliar el sueño, somnolencia diurna, menor concentración y sensación de cansancio. El especialista enfatiza que estos síntomas no son una exageración: “Sentir que el cambio de hora afecta no es una exageración ni una debilidad personal. Es biología”.
Desde Adipa se destaca que la alteración del descanso puede impactar funciones cognitivas vinculadas al juicio, la planificación y el autocontrol. Asimismo, la modificación en los ciclos de luz puede influir en la regulación de neurotransmisores como la serotonina, afectando el ánimo y generando irritabilidad o menor energía en algunas personas.
El impacto, además, no es uniforme. Factores como el cronotipo, la predisposición biológica a ser más activo en la mañana o en la noche, influyen en la adaptación. Adolescentes y personas con cronotipo vespertino suelen presentar mayores dificultades tras el cambio.
Entre las recomendaciones entregadas por el académico se encuentran la exposición a luz natural durante la mañana, mantener horarios regulares de sueño y comidas, evitar pantallas antes de dormir y priorizar actividad física en las primeras horas del día. Estas medidas favorecen una adaptación más rápida y protegen la salud mental.

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