Ps. Manola Montaña
Psicóloga, Universidad de Concepción
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Durante mucho tiempo, el autismo en la adultez fue invisibilizado o incomprendido. Pero hoy vemos que el diagnóstico, además de llegar tarde, llega en un momento donde puede cambiar profundamente la forma en que una persona se entiende a sí misma.

En los últimos años, se ha puesto más atención al estudio en autismo en adultos y adultas con mayor relevancia. En la actualidad se entiende como un espectro amplio, con presentaciones diversas que no siempre fueron identificadas en la infancia
Muchas personas adultas llegan a consulta después de años de malestar, con diagnósticos previos como ansiedad, depresión, trastornos de personalidad, entre otros, lo que implica años de intervenciones que no logran abordar el problema de fondo.
Además, se ha demostrado que la ausencia de un diagnóstico previo a la adultez afecta en cómo especialmente las mujeres se autoperciben y construyen su identidad (Brieva-Castillo et al., 2024)
El diagnóstico no solo otorga un nombre a lo que realmente ocurre, sino que también permite reorganizar la historia personal. Desafíos sociales, fatiga, sobrecarga sensorial y sintomatología que no coincide con un solo diagnóstico específico, comienzan a hacer sentido.
Los desafíos y las dificultades enfrentados en el pasado ahora se ven desde una nueva perspectiva, donde la comprensión de la neurodivergencia arroja luz sobre las razones detrás de ciertos comportamientos y reacciones (Otaño, 2025).
Dejan de interpretarse como fallas personales y comienzan a entenderse como parte de un funcionamiento fuera de la norma, pero no así problemático.
Esto facilita identificar procesos que muchas veces pasan desapercibidos y dejar de centrarse únicamente en la conducta observable y comenzar a considerar la función que cumple en el contexto vital de la persona.
Como consecuencia, cambia la intervención. Se prioriza la regulación, ajustes ambientales y del entorno, reducción de la sobreexigencia, ajustes razonables y adecuaciones por sobre estrategias que antes no consideraban estas variables. Aquello tensiona modelos de intervención tradicionales, que tienden a centrarse en la adaptación del individuo más que en el ajuste del entorno.
Además, la terapia cognitivo conductual y el mindfulness emergen como enfoques predominantes en la intervención de síntomas emocionales y coocurrentes como la ansiedad, depresión y el estrés; mientras que el entrenamiento en resolución de problemas permite mejorar la transición a la adultez y facilitarles la vida a adultos y adultas autistas. (Hortúa et al., 2026).
El diagnóstico puede facilitar, además, el acceso a apoyos pertinentes y favorecer entornos más comprensivos, tanto en lo personal como laboral o académico.
Comprender el autismo en la adultez implica ampliar la mirada clínica, cuestionar modelos reduccionistas y considerar experiencias que históricamente han permanecido invisibilizadas por ello.
Aquello es solo el comienzo. Es el inicio de una lectura más justa de la propia historia y de intervenciones realmente efectivas y pertinentes. Por eso, el diagnóstico de autismo en la adultez es una herramienta clínica que transforma la manera de comprender, intervenir y acompañar.
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