Mg. Nta. Simón Tello Herrera
Nutricionista y Magíster en Nutrición y Metabolismo....
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En el Día Mundial de la Salud, el docente y nutricionista Simón Tello Herrera abordó los desafíos de la desinformación y la necesidad de promover una atención en salud más empática, clara y basada en evidencia.
Este 7 de abril se celebró el Día Mundial de la Salud, cuyo lema propuesto por la OMS fue: “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”. Para quienes trabajamos en el ámbito sanitario y en la divulgación científica, este mensaje
resulta especialmente significativo. Sin embargo, tras la pandemia de COVID-19 muchas personas han vivido una crisis de desconfianza, alimentada por fake news, publicaciones engañosas y teorías conspirativas —muchas de ellas generadas con inteligencia artificial— que se difunden rápidamente a través de videos virales en redes sociales (1). Este fenómeno afecta con mayor fuerza a personas con menor nivel educativo, quienes pueden tener más dificultades para discriminar entre información confiable y contenido poco fidedigno. A ello se suma la proliferación de coaches y figuras no relacionadas con la salud que ofrecen asesorías en internet, contribuyendo a un ambiente de incertidumbre.
Esta situación ocurre en un contexto mundial donde las enfermedades crónicas y los problemas de salud mental tienen un impacto creciente, superando ampliamente a las enfermedades infectocontagiosas en países latinoamericanos. La última Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud en Chile mostró, por ejemplo, que el 19% de la población reporta depresión, ansiedad u otro trastorno mental, y que el 63,9% presenta al menos una enfermedad crónica, junto con altos niveles de sedentarismo, entre otros datos relevantes (2).
Frente a este escenario, es necesario reflexionar sobre cómo nos vinculamos con los pacientes y hasta qué punto ofrecemos comprensión y empatía ante los conflictos que enfrentan. Surge entonces una pregunta clave: ¿cómo podemos lograr que personas expuestas a información confusa vuelvan a confiar en la ciencia y en la evidencia? Un primer paso es cuestionarnos profesionalmente: ¿qué tan actualizado/a estoy? ¿La información que entrego es vigente o sigo repitiendo contenidos aprendidos en la universidad? Y, además, ¿cómo comunico esa información? ¿Lo hago de manera clara, abierta y comprensible, o me apoyo únicamente en mi autoridad profesional?
Ante la crisis de desconfianza, es fundamental humanizar el conocimiento, ofreciendo primero empatía y luego información adaptada a la percepción y etapa de cambio de cada persona. Desde la teoría transteórica del cambio conductual, Prochaska y DiClemente (3) señalan que debemos reconocer la etapa en que se encuentra cada individuo, ya que no siempre estará receptivo a nuestras recomendaciones. En fases de precontemplación o negación, es clave entregar datos y abrir preguntas; en etapas de acción o mantención, debemos acompañar y reforzar los avances. En todos los casos, la relación clínico–paciente se fortalece cuando el profesional está actualizado y comunica con claridad.
La empatía es un pilar central de la relación terapéutica en la entrevista motivacional, porque crea un clima de aceptación que permite al paciente explorar su ambivalencia sin temor al juicio. Según Rivera et al. (4), expresar empatía mediante escucha activa y reflexiva facilita que la persona se sienta comprendida, disminuye la resistencia y favorece la aparición de discurso de cambio. Esta actitud profesional fortalece la alianza terapéutica, equilibra la relación de poder y aumenta la motivación intrínseca, generando condiciones más favorables para avanzar hacia conductas de salud sostenibles.
El llamado es a ser más humanos, con un rigor científico robusto, para que el lema propuesto por la OMS este año pueda hacerse realidad.
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Leer másConfirmo que he leído la información sobre este programa, disponible en el brochure y en el sitio web. Declaro cumplir con los requisitos para cursar este diplomado y me comprometo a enviar mi certificado de título, así como a firmar la carta de compromiso solicitada
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