Mg (c). Ps. Natalia Ojeda
Psicóloga Clínica especializada en Autismo con 10...
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Los movimientos estereotipados son conductas repetitivas que suelen generar preocupación en familias y cuidadores, especialmente cuando aparecen en la infancia. Comprender qué son, cómo se manifiestan y cuál es su función resulta clave para evitar interpretaciones erróneas y acompañar de manera adecuada el desarrollo y el bienestar emocional.
Los movimientos estereotipados o estereotipias suelen generar inquietud en madres, padres y cuidadores, especialmente cuando se repiten de manera persistente. Balancearse, aletear las manos, girar sobre sí mismos o repetir sonidos pueden levantar preguntas inmediatas: ¿es esperable?, ¿debería preocuparme?, ¿tiene relación con el autismo u otra condición?
Comprender qué son los movimientos estereotipados, cómo se manifiestan y cuál es su función resulta clave para evitar interpretaciones erróneas y respuestas que, lejos de ayudar, pueden aumentar el malestar. Desde una mirada clínica actual, estas conductas no siempre representan un problema y, en muchos casos, cumplen un rol importante en la autorregulación del sistema nervioso.
Este artículo fue desarrollado en colaboración con Mg ©. Ps. Natalia Ojeda, psicóloga clínica especializada en autismo, con más de 13 años de experiencia, quien aborda este fenómeno desde un enfoque sistémico, integrativo, neuroafirmativo y con perspectiva de género.
Los movimientos estereotipados son conductas repetitivas, rítmicas y coordinadas que se realizan de forma similar en el tiempo, generalmente sin un propósito aparente. Pueden incluir movimientos corporales, gestos o sonidos, y aparecen con mayor frecuencia en la infancia, aunque también pueden observarse en adolescentes y adultos.
Desde una mirada clínica, las estereotipias se caracterizan por tres elementos centrales: su repetición, su ritmo predecible y el hecho de que no están orientadas a un objetivo externo inmediato. A diferencia de otros movimientos involuntarios, suelen mantenerse estables en su forma y presentarse en contextos específicos, lo que permite identificar patrones en su aparición y función.
Desde el punto de vista clínico, se distinguen dos tipos de estereotipias. Las estereotipias primarias suelen aparecer en el desarrollo infantil temprano, presentan un curso transitorio y, en la mayoría de los casos, disminuyen progresivamente hasta desaparecer de manera espontánea. En cambio, las estereotipias secundarias tienden a persistir en el tiempo y pueden asociarse a condiciones del neurodesarrollo, como el autismo.
“En el autismo, las estereotipias se entienden como comportamientos adaptativos del sistema nervioso, es decir, la persona busca autorregularse a través de patrones repetitivos que le permiten calmar su sistema nervioso”, señala la psicóloga.
Los movimientos estereotipados pueden manifestarse de distintas formas, tanto a nivel corporal como vocal. Reconocer sus expresiones más comunes ayuda a diferenciarlos de otros movimientos y a entender en qué contextos suelen aparecer.
Entre los ejemplos más frecuentes se encuentran:
Estos movimientos pueden observarse durante momentos de alta activación emocional, como entusiasmo o alegría, pero también frente al estrés, el cansancio o la sobrecarga sensorial.
En el plano vocal, pueden aparecer:
“Estos comportamientos no solo aparecen en estados de malestar, también pueden manifestarse como una forma de expresar alegría, entusiasmo o bienestar”, agrega la experta.
Aunque a simple vista pueden parecer similares, las estereotipias y los tics presentan diferencias clínicas relevantes que es importante distinguir para evitar confusiones diagnósticas.
“Las estereotipias cumplen una función autorreguladora y suelen vivirse como coherentes con el yo, mientras que los tics se experimentan como intrusivos y difíciles de controlar”, comenta la docente.
Existen ciertos movimientos que requieren una evaluación médica para descartar otras condiciones neurológicas. Algunas señales de alerta incluyen:
“Cuando los movimientos no responden al entorno, generan daño o se acompañan de otros síntomas neurológicos, es importante consultar con un especialista”, advierte la psicóloga.
La presencia de movimientos estereotipados en la infancia no siempre indica un problema. En muchos casos forman parte del desarrollo psicomotor y emocional típico, especialmente en los primeros años de vida. La clave está en observar su evolución, frecuencia, contexto y el impacto que generan en la rutina diaria del niño o niña.
En el desarrollo típico, las estereotipias primarias son esperables, especialmente antes de los 3 años. Suelen ser exploratorias, variables y transitorias, disminuyendo progresivamente con la edad a medida que el niño incorpora nuevas estrategias de regulación.
“En la mayoría de los casos no interfieren con la rutina ni la calidad de vida, por lo que no requieren intervención, solo observación y acompañamiento”, señala la docente.
Cuando las estereotipias persisten en el tiempo, se presentan de forma más rígida y frecuente, y generan interferencia significativa, pueden asociarse a condiciones del neurodesarrollo. En estos casos, la evaluación debe centrarse en comprender la función que cumplen, más que en intentar eliminarlas.
No existe una causa única. Desde una mirada integradora, pueden entenderse debido a diversos factores:
Intentar eliminar estas conductas sin comprender su función puede aumentar el malestar.
“Suprimir una estereotipia implica quitar una estrategia de regulación, lo que puede generar estrés y frustración”, enfatiza la psicóloga.
Las estereotipias forman parte de las conductas repetitivas y restringidas descritas en el autismo, sin embargo, su presencia por sí sola no implica un diagnóstico. Pueden aparecer tanto en personas autistas como en personas sin diagnóstico, y su significado clínico depende del perfil sensorial y del funcionamiento global.
“La evaluación siempre debe ser integral y en base a todos los criterios para el diagnóstico, porque los rasgos autistas son rasgos humanos, y no es posible establecer un diagnóstico basándose en un rasgo aislado”, aclara la especialista.
En el autismo, estas conductas suelen cumplir una función autorregulatoria frente a la sobreestimulación sensorial y la sobrecarga de estrés, por ejemplo, frente a los cambios inesperados en la rutina y la pérdida de su predictibilidad, en un entorno sobrestimulante. También pueden aparecer como una forma de expresar alegría, bienestar, entusiasmo o relajación, lo que rompe con la idea de que siempre están asociadas al malestar.
Se considera un trastorno cuando las estereotipias:
No se trata únicamente de la presencia del movimiento, sino de su impacto, frecuencia, intensidad y de la ausencia de una mejor explicación clínica.
Según la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), el diagnóstico de Trastorno del movimiento estereotipado es una afección del neurodesarrollo caracterizada por la presencia de movimientos voluntarios, repetitivos y aparentemente sin propósito, con inicio temprano en el desarrollo, que no se explican mejor por otra causa o condición neurológica, que generan una interferencia clínica significativa y riesgo de daño.
La evaluación clínica de los movimientos estereotipados requiere una mirada amplia e integral. Incluye una historia clínica detallada, observación directa o mediante registros en video, análisis del contexto en el que aparecen, posibles gatillantes, función de la conducta y su impacto en la vida cotidiana.
Dependiendo del caso, pueden participar profesionales de pediatría, neurología, psiquiatría, psicología y terapia ocupacional. El contexto familiar y escolar cumple un rol central, ya que muchas estereotipias se expresan con mayor libertad en espacios percibidos como seguros.
Cuando los movimientos estereotipados generan interferencia significativa o riesgo, el abordaje debe priorizar la comprensión de su función, la seguridad y el bienestar de la persona, evitando intervenciones centradas exclusivamente en la supresión de la conducta.
Crear entornos predecibles, reducir la sobrecarga sensorial, anticipar cambios y validar la autorregulación son estrategias fundamentales. El acompañamiento adulto calmado y regulado es clave para favorecer procesos de regulación.
Las intervenciones deben adaptarse a la edad, necesidades de apoyo y contexto de cada persona. Pueden incluir la enseñanza de alternativas de regulación, ajustes sensoriales y apoyos visuales, siempre respetando la función autorregulatoria de la conducta.
El tratamiento farmacológico no es de primera línea y solo se considera en casos específicos, cuando existe riesgo, comorbilidades asociadas o un impacto severo en la calidad de vida. Aún en estos casos, el énfasis debe mantenerse en la educación, el contexto, la regulación emocional y la seguridad, entendiendo el tratamiento médico como un complemento y no como la solución principal.
Existen ciertas situaciones en las que los movimientos estereotipados requieren una evaluación clínica para descartar otras condiciones y orientar adecuadamente a la familia. Algunas señales de alerta que indican la conveniencia de consultar son:
¿Qué son los movimientos estereotipados en psicología?
Son conductas repetitivas y rítmicas que cumplen, en muchos casos, una función autorregulatoria. Desde la psicología se analizan considerando su contexto, función e impacto.
¿Movimientos estereotipados y estereotipias es lo mismo?
Sí, ambos términos se utilizan indistintamente para referirse al mismo fenómeno clínico.
¿Cuál es la diferencia entre tics y estereotipias?
Según investigaciones clínicas en neurología, como las de Singer, los tics suelen ser abruptos y vividos como intrusivos, mientras que las estereotipias son más rítmicas y egosintónicas.
¿Las estereotipias desaparecen con la edad?
Las estereotipias primarias suelen disminuir o desaparecer; las secundarias pueden persistir sin ser necesariamente patológicas.
¿Los movimientos estereotipados son un signo de autismo?
No por sí solos. Forman parte del perfil del autismo, pero la evidencia clínica indica que no permiten establecer un diagnóstico basado solo en este rasgo aislado.
¿Qué causa los movimientos repetitivos en niños?
Las estereotipias primarias, son esperables y parte del desarrollo infantil temprano, especialmente antes de los 3 años, y suelen disminuir de forma progresiva en frecuencia e intensidad.
¿Cuándo preocuparme por estereotipias?
Cuando generan daño, interfieren de manera significativa en la rutina o se acompañan de regresión del desarrollo, según criterios de la CIE-11.
¿Cómo se diagnostica el trastorno de movimientos estereotipados?
Se diagnostica mediante una evaluación clínica integral que considera historia, observación e impacto funcional, según el DSM-5-TR y la CIE-11.
¿Qué hacer si mi hijo se balancea o aletea con las manos?
Es importante observar el contexto y comprender su función, evitando suprimirlos de forma automática. Si interfieren de manera significativa o generan riesgo, se recomienda consultar con un especialista.
¿Las estereotipias se pueden controlar voluntariamente?
En algunos casos disminuyen con distracción, pero la evidencia clínica sugiere que exigir su control no siempre es beneficioso, ya que puede causar ansiedad y estrés.
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