Mg. Ps. Paulina Sarmiento
Psicóloga clínica, Magíster en Salud Mental Infantil...
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Las creencias limitantes son ideas profundas y automáticas que influyen en cómo nos percibimos y actuamos. Este artículo aborda qué son, ejemplos frecuentes y su impacto en la salud mental, desde una mirada clínica y psicoeducativa.
Las creencias limitantes forman parte del mundo interno de muchas personas y, aunque suelen pasar desapercibidas, influyen de manera significativa en cómo nos percibimos, cómo nos relacionamos con los demás y cómo enfrentamos los desafíos cotidianos. Se trata de ideas profundas que operan de forma automática y que, al vivirse como verdades absolutas, pueden restringir el desarrollo personal y afectar el bienestar emocional.
Comprender qué son las creencias limitantes, reconocer ejemplos frecuentes y analizar su impacto en la salud mental constituye un paso relevante para el cuidado psicológico y la prevención del malestar emocional. Este artículo fue desarrollado en colaboración con Mg. Ps. Paulina Sarmiento, psicóloga clínica con magíster en Salud Mental Infantil e Intervención Temprana, quien aporta una mirada clínica sobre cómo estas creencias se forman, se mantienen y pueden abordarse en psicoterapia.
Desde la psicología, las creencias limitantes se entienden como ideas profundas y automáticas que una persona tiene sobre sí misma, los demás o el mundo. No son hechos objetivos, pero se experimentan internamente como si lo fueran, influyendo en la interpretación de las experiencias cotidianas.
“Como son tan profundas y automáticas, muchas veces no nos damos cuenta de que están operando, y terminan influyendo en cómo nos vemos a nosotros mismos, en cómo interpretamos a los demás y en cómo enfrentamos el mundo”, explica la docente.
Son “limitantes” porque restringen la percepción personal, generan obstáculos internos y llevan a evitar situaciones por miedo al sufrimiento, al error o al rechazo. Con el tiempo, estas creencias pueden instalarse como una base desde la cual se organiza la autoestima y el autoconcepto.
Las creencias limitantes pueden manifestarse en distintas áreas de la vida. Aunque adoptan formas diversas, muchas comparten un núcleo común que se repite transversalmente en distintos contextos.
Las creencias limitantes vinculadas a la percepción personal suelen organizarse en torno a una visión negativa y rígida de uno mismo. Más que pensamientos aislados, operan como ideas de fondo que influyen en la forma en que la persona interpreta sus errores, logros y relaciones, condicionando su autoestima y su manera de enfrentarse a las exigencias cotidianas.
“Hay creencias que aparecen de manera muy recurrente, como el ‘no soy suficiente’, el ‘no merezco cosas buenas’ o el ‘soy un fracaso’. Son creencias que están en la base de muchos pensamientos”, ejemplifica la especialista
Estas ideas tienden a generar inseguridad, autoexigencia excesiva y una constante sensación de no estar a la altura de las expectativas.
En el ámbito relacional, estas creencias pueden expresarse como “no soy querible”, “si me conocen de verdad me van a rechazar” o “algo malo siempre va a pasar en mis relaciones”. Esto puede traducirse en celos, desconfianza, miedo al abandono o conductas de control.
La docente explica que estas creencias “se filtran en las relaciones de pareja, de amistad y familiares, generando conflictos que no siempre se comprenden desde lo consciente”.
En contextos académicos o laborales, suelen aparecer ideas como “me va a ir mal”, “no soy capaz”, “si me equivoco voy a fracasar” o “tengo que ser perfecto”. Esta última, aunque socialmente valorada, puede transformarse en una fuente permanente de sobreexigencia y ansiedad.
“Creer que tengo que ser perfecto también es una creencia limitante, porque nunca es alcanzable y mantiene a la persona en una autoevaluación constante”, señala la docente.
Las creencias limitantes no aparecen de forma casual. Generalmente se construyen a partir de experiencias tempranas y se refuerzan con el tiempo, especialmente cuando no son cuestionadas.
La mayoría de estas creencias se origina en las primeras experiencias de vida. Durante la infancia, las personas interpretan el mundo desde recursos emocionales limitados, por lo que ciertos eventos pueden dar lugar a conclusiones rígidas sobre uno mismo.
“Son aprendizajes emocionales que se instalan temprano y que muchas veces nunca fueron cuestionados”, explica la especialista.
Comentarios críticos, experiencias de invalidación o falta de contención emocional pueden transformarse en creencias duraderas.
Los mensajes explícitos o implícitos provenientes de figuras significativas —familia, docentes o pares— cumplen un rol central. Frases reiteradas, comparaciones constantes o exigencias desmedidas pueden llevar a internalizar ideas como “soy torpe” o “nunca lo hago bien”.
Estas creencias se refuerzan cuando el entorno valida o normaliza dichos mensajes, dificultando que la persona los identifique como interpretaciones y no como verdades absolutas.
Situaciones de bullying, fracasos relacionales o experiencias de rechazo también pueden consolidar creencias limitantes. Al repetirse, la persona comienza a interpretar nuevas experiencias desde ese filtro, reforzando un círculo que confirma la creencia inicial.
“Las creencias se van cumpliendo a sí mismas, porque la persona deja de hacer cosas por miedo y eso refuerza la idea de incapacidad”, señala la docente.
El impacto de las creencias limitantes en la salud mental puede ser profundo. A nivel emocional, suelen generar ansiedad, tristeza, culpa, miedo e inseguridad persistente. Incluso cuando no derivan en un trastorno específico, aumentan el malestar psicológico general.
Desde una mirada clínica, estas creencias pueden contribuir al desarrollo de trastornos ansiosos y depresivos, al sostener un autoconcepto negativo y una autoestima deteriorada.
“Configuran una forma de verse a sí mismo que mantiene el sistema de amenaza activado”, explica la psicóloga.
Conductualmente, pueden expresarse en evitación, aislamiento o procrastinación, limitando el crecimiento personal y la participación en distintas áreas de la vida.
Identificar creencias limitantes suele ser un proceso gradual, ya que operan de forma automática y suelen pasar inadvertidas. Más que presentarse como ideas explícitas, se expresan a través de pensamientos recurrentes que aparecen en situaciones de malestar emocional. Observar estos patrones permite comenzar a reconocer cómo ciertas interpretaciones influyen en la forma de experimentar la realidad.
“Registrar qué pienso cuando me siento ansioso o triste permite identificar patrones comunes. A partir de esos pensamientos más superficiales, es posible ir observando qué tienen en común”, explica la docente.
Al analizar estos pensamientos automáticos de manera sistemática, se puede reconocer la creencia profunda que los sostiene, lo que facilita su visibilización y abre la posibilidad de abordarla terapéuticamente, en lugar de seguir viviéndola como una verdad incuestionable.
Las creencias limitantes sí pueden trabajarse en psicoterapia. El abordaje suele incluir técnicas como la reestructuración cognitiva, que busca cuestionar y transformar estas ideas en respuestas más adaptativas.
“No se trata solo de pensar positivo, sino de entender de dónde viene la creencia y darle una alternativa más funcional”, señala la especialista.
Las terapias contemporáneas también incorporan una mirada más compasiva, reconociendo que estas creencias tuvieron una función en algún momento de la vida y que hoy pueden dejar de ser necesarias. En este proceso, el acompañamiento psicológico resulta clave cuando las creencias generan un malestar persistente y afectan distintas áreas del funcionamiento personal.
Las creencias limitantes forman parte de la experiencia humana y, en muchos casos, se desarrollan como respuestas adaptativas a contextos tempranos. Sin embargo, cuando se mantienen de forma rígida en la adultez, pueden transformarse en una fuente significativa de sufrimiento emocional.
Comprender qué son, identificar sus manifestaciones y reconocer su impacto permite abordarlas desde una perspectiva de cuidado y prevención en salud mental. Tal como enfatiza Mg. Ps. Paulina Sarmiento, reconocer que “son creencias y no realidades” abre la posibilidad de construir una relación más amable y flexible con uno mismo.
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