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La influencia de las redes sociales en la percepción de la imagen corporal: un problema cada vez más real

Las redes sociales tienen una gran influencia en los adolescentes. Estas plataformas les permiten comunicarse, compartir sus experiencias y conocer a personas con intereses similares. En algunas ocasiones, los jóvenes pueden sentirse ansiosos, inseguros o menos capaces que otros. Esto puede llevar a problemas de autoestima, como baja autoestima, depresión y ansiedad.

La influencia de las redes sociales en la percepción de la imagen corporal: un problema cada vez más real

Actualmente vivimos en un mundo donde los celulares y el uso de redes sociales se han apoderado de nuestras vidas, más aún tras la pandemia del COVID-19, donde la tecnología ha cobrado mayor relevancia en nuestra sociedad. Por otro lado, las consultas por Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) aumentaron considerablemente durante la cuarentena a raíz de la pandemia.

¿Qué son los Trastornos de la Conducta Alimentaria?

Los TCA integran una de las patologías con mayor aumento en los últimos años y además se define como una de las enfermedades con mayor mortalidad dentro de los trastornos mentales (Álvarez et al., 2021).

Los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos son enfermedades graves que implican cambios en las conductas relacionadas con la ingesta de alimentos, y que además tienen una serie de consecuencias negativas a nivel cognitivo, emocional y físico (APA, 2013). El DSM-V plantea las siguientes categorías diagnósticas: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno de la conducta alimentaria no especificado, trastorno por atracón, pica, trastorno de rumiación y trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (APA, 2013).

Ahora bien, es importante destacar que, dentro de la clasificación de los TCA solo se encuentran: anorexia nerviosa (desde ahora en adelante AN) (restrictiva y purgativa), bulimia nerviosa (desde ahora en adelante BN), trastorno por atracón (desde ahora en adelante TPA) y trastorno de la conducta alimentaria no especificado. Los trastornos de pica, rumiación y ARFID pertenecen a la categoría de trastornos de la ingestión de alimentos.

Existen diversos factores que determinan el desarrollo y mantenimiento de un TCA, es por esto que actualmente no hay evidencias claras acerca de las causas de estas patologías (Gaete y López, 2020). Algunos de estos factores se pueden asociar en mayor o menor medida con un TCA en específico (Persano et al., 2019). Fernández y cols. (2015) señalaron que se manifiestan por el dominio de uno o varios factores desencadenantes y se fundan en las personas en función de factores mantenedores que se deben cambiar.

Estas patologías surgen de la interacción de factores psicológicos, biológicos, sociales y culturales que impactan en la conducta del individuo (Berny et al., 2020). Del mismo modo, Rojo y cols. (2015), señalan que los TCA derivan de factores predisponentes que pueden ser individuales, familiares y/o sociales y de factores vulnerables como, biológicos, culturales, genéticos y/o psicológicos.

Imagen corporal

Las alteraciones de la imagen corporal (IC) son una de las características diagnósticas y clínicas de mayor importancia en los TCA (Garner 2002; Nye y Cash 2006; Stice 2002).

La insatisfacción con el cuerpo y las alteraciones de la IC se encuentran asociadas con la falta de control sobre la comida, hacer dietas restrictivas, pérdida de peso, miedo a engordar y la existencia de atracones y vómitos. Es más, la persistencia de la insatisfacción corporal después del tratamiento de los TCA es uno de los mayores predictores de recaída en los TCA (Cash y Hrabosky 2004; Shisslak y Crago 2001).

La influencia de las redes sociales

Las redes sociales son plataformas de Internet que han desarrollado una nueva forma de presentarse a los demás mediante la publicación de contenidos y fotografías. Hoy en día las redes sociales se han convertido en una forma de comunicación directa y dinámica (Arab y Díaz, 2016; Heredia y García, 2017).

Estas plataformas de internet han generado que los adolescentes creen diversas identidades y que además las adapten y cambien con mucha facilidad y rapidez, lo cual puede afectar el desarrollo personal según como utilicen estas aplicaciones (Arab y Díaz, 2016).

Dentro de los factores predisponentes y precipitantes para el desarrollo de un TCA por el uso de redes sociales, blogs u otras fuentes de internet se encuentra; la presión de los medios masivos de comunicación sobre el aspecto corporal, sobre todo en las mujeres. Las dietas, pues en internet se pueden compartir dietas o recomendaciones poco saludables o incluso recibir patrones de comportamientos, conductas a seguir acerca de la alimentación y de la dieta. Finalmente, se encuentran las dinámicas familiares y sociales sobre la figura corporal (Marín, 2012; Lugli-Rivero y Vivas, 2012;  Pérez Gil-Romo, Vega-García y Romero-Juárez, 2007).

En el caso de las redes sociales que tienen como objetivo subir fotografías, lo que se intenta mostrar es una perfección, lo cual puede generar inseguridades provocando conductas dañinas para la salud, como por ejemplo, querer cambiar algún aspecto físico o incluso comenzar a hacer dietas.

En un estudio realizado por Ladera (2016), se concluyó que las redes sociales, la preocupación e insatisfacción de la imagen corporal están relacionados, pues en estas plataformas las personas pueden confirmar sus creencias de que para poder ser considerados(as) como atractivos(as) deben verse de cierta manera (Tiggemann y Zaccardo, 2018).

Opinión

Hace unos años estuvieron en boga los foros “Pro Ana y Pro Mia”, sin embargo, actualmente quienes padecen de estas patologías han buscado otras alternativas más inmediatas y de fácil acceso, como lo son, las redes sociales, específicamente Instagram o Tik Tok.

Actualmente y cuando comenzaron a aumentar las consultas por Trastornos de la Conducta Alimentaria, a raíz de la pandemia, era común escuchar a pacientes compararse con sus pares o incluso con modelos, famosos(as), estrellas de Hollywood, deportistas, a raíz de las fotografías y del contenido que subían a redes sociales. No solo he tenido que escuchar comentarios como “me gustaría tener el cuerpo de x persona”, sino que también frases como “comencé a hacer dieta o a cuestionar mi cuerpo después de Tik Tok, ahí veía como niñas/os subían recomendaciones de dietas, ejercicios o incluso de cómo sus cuerpos habían cambiado luego de la cuarentena”.

Las redes sociales constantemente nos hacen vivir en un mundo de fantasía, pues a través de un click podemos compartir información, compartir una foto que muchas veces puede estar alejada de la realidad, lo cual puede generar múltiples consecuencias en quienes no tienen las herramientas necesarias para entender esto o no lo ven de esta manera.

No solo es importante considerar el tiempo que pasan los/as jóvenes en redes sociales, sino que también es muy importante la retroalimentación que reciben, ya que puede ser beneficiosa o perjudicial, pues se da en un contexto en el cual hay usuarios que son anónimos y que pueden utilizar una identidad falsa para hacer comentarios con el fin de hacer un daño.

“Él/ella come solo ensaladas porque lo sube en redes sociales”, “Él/ella hace deporte siempre mientras que yo no hago”, son algunas de las conclusiones que pueden obtener las personas por medio de las redes sociales, sobre todo cuando hay una disconformidad en la imagen corporal o una baja autoestima.

Como profesional especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria. considero que es necesario poder generar espacios de conversación donde se pueda incentivar una visión crítica sobre las redes sociales, donde seamos capaces de distinguir la realidad del mundo ficticio que se crea en redes sociales. Del mismo modo, es importante poder incentivar la autoestima de nuestros hijos/as para que estos/as no tengan la necesidad de comparar sus cuerpos y realidades, sino que puedan advertir que lo que ven en redes sociales no es necesariamente la realidad que está viviendo la persona que se encuentra al otro lado de la pantalla.

En conclusión, las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para conectarnos e inspirarnos, pero también pueden tener consecuencias negativas en nuestra salud mental y física. Los trastornos de la conducta alimentaria son un ejemplo preocupante de cómo las redes sociales pueden afectar nuestra relación con la comida y la imagen corporal. Como sociedad, es importante educar y concientizar sobre estos temas, y fomentar un diálogo crítico y saludable sobre el impacto de las redes sociales en nuestras vidas. Al hacerlo, podemos ayudar a proteger la salud y el bienestar de nuestros jóvenes y promover una cultura de aceptación y autoestima positiva.

Referencias

  • Álvarez, V., Maldonado-Ferrete, R., Catalán Camacho, M. y Jáuregui-Lobera, I. (2021). Quién influye en quién: el trío flexibilidad cognitiva-emociones-trastornos de la conducta alimentaria. JONNPR, 6(1), 47-67. https://doi.org/10.19230/jonnpr.3687.
  • American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). (5ta ed.). Editorial Médica Panamericana.
  • Arab, E. y Díaz, A. (2016). Impacto de las redes sociales e Internet en la adolescencia:
    aspectos positivos y negativos. Revista Médica Clínica Las Condes, 26(1), 7-13.
  • Berny, M., Rodríguez, D., Cisneros-Herrera, J. y Guzmán-Díaz, G. (2020). Trastornos de la conducta alimentaria. Boletín Científico de la Escuela Superior Atotonilco de Tula, 7(14), 15-21. https://doi.org/10.29057/esat.v7i14.6036.
  • Cash, Thomas y Joshua I. Hrabosky. (2004). Treatment of body image disturbances. En Handbook of eating disorders and obesity, ed. J. Kevin Thompson (515- 541). Hoboken, NJ: Wile
  • Fernández, J., González, I., Contreras, O. y Cuevas, R. (2015). Relación entre imagen corporal y autoconcepto físico en mujeres adolescentes. Revista Latinoamericana de Psicología, 47(1), 25-33. https://doi.org/10.1016/S0120-0534(15)30003-0.
  • Gaete, V. y López, C. (2020). Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes. Una mirada Integral. Revista Chilena de Pediatría, 91(5), 784-793. http://dx.doi.org/10.32641/rchped.vi91i5.1534.
  • Garner, David M. (2002). Body image and anorexia nerviosa. En Body image: A handbook of theory, research, and clinical practice, ed. Thomas Cash y Thomas Pruzinsky (295-303). New York: Guilford.
    Heredia, N. & García, E. (2017). Posibles riesgos del uso de las redes sociales en adolescentes. Revista de estudio e investigación en Psicología y Educación, Extra (13), 1-5. https://doi.org/10.17979/reipe.2017.0.13.2120
  • Ladera Otones, I. (2016). La satisfacción con la imagen corporal: su relación con las redes sociales y la autoestima. (Trabajo Fin de Máster) Universidad Pontificada Comillas, Madrid.
  • Lugli-Rivero Z., & Vivas E. (2001). Trastornos de Alimentación y Control Personal de la Conducta. Salud Pública México, 43(1).
  • Marín V. (2002). Trastornos de la conducta alimentaria en escolares y adolescentes. Revista Chilena de Nutrición, 29(2).
  • Nye, Stacey & Thomas F. Cash. (2006). Outcome of manualized cognitive-behavioral body image therapy with eating disordered women treated in a private clinical practice. Eating disorders 14: 31-40.
  • Pérez Gil-Romo, SE., Vega-García, LA., & Romero-Juárez, G. (2007). Prácticas Alimentarias de Mujeres Rurales: ¿una nueva percepción del cuerpo? Salud Pública de México, 47(1), 52-62.
  • Persano, H., Jubany, F., Ciccioli, M. & Pugliese, C. (2019). Ansiedad y trastornos de la Conducta Alimentaria: Estudio Empírico sobre una Muestra Clínica y una muestra control. Revista nutrición investiga, 154-194.
  • Rojo, S., Linares, T., Arguis, C. & Félix-Alcántara, M. (2015). Trastornos de la conducta alimentaria. Medicine- Programa de formación médica continuada y acreditado, 11(86), 5144-5152. https://doi.org/10.1016/j.med.2015.09.004.
  • Shisslak, Catherine M. & Marjorie Crago. (2001). Risk and protective factors in the development of eating disorders. En Body image, eating disorders, and obesity in youth: Assessment, prevention, and treatment, ed. J. Kevin Thompson y Linda Smolak (103-125). Washington, DC: American Psychological Association.
  • Stice, Eric. (2002). Body image and bulimia nervosa. En Body image: A handbook of theory, research, and clinical practice, ed. Thomas F. Cash y Thomas Pruzinsky (304-311). New York: Guilford.
  • Tiggemann, M. y Zaccardo, M. (2018). “Strong is the new skinny”: A content analysis of fitspiration images on Instagram. Journal of Health Psychology, 23(8), 1003– 1011. doi:10.1177/1359105316639436
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