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En el Día Nacional de la Visibilidad Lésbica, la psicóloga y embajadora de ADIPA, Ps. Yelissa Chabra, reflexiona sobre los desafíos actuales y la urgencia de fortalecer la formación en diversidad sexual.

En 2025, ser lesbiana en Chile sigue siendo un acto de resistencia. De acuerdo a los Informes Anuales de los Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género, desde el 2002 a la fecha 2.470 mujeres lesbianas, bisexuales y trans han denunciado abusos en razón de su orientación sexual o identidad de género. (Movilh, 2024).
Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. (2023, 9 de julio). Ministerio de la Mujer conmemora el Día de la Visibilidad Lésbica, recordando a Mónica Briones y destacando a lesbianas que han puesto en alto la bandera chilena.
Mónica Briones Puccio fue víctima del primer crimen lesbofóbico registrado en el país, ocurrido el 9 de julio de 1984 en Santiago. Su caso se ha convertido en un símbolo de memoria y denuncia frente a la lesbofobia, una forma particular de discriminación que combina el sexismo con la homofobia. Esta se manifiesta tanto de forma externa a través de agresiones, exclusión o violencia directa, como también de forma internalizada, generando en muchas mujeres vergüenza, autocensura y dificultad para asumir su propia identidad.
Las mujeres lesbianas son discriminadas no solo por desafiar el mandato de la heterosexualidad, sino de perturbar el orden simbólico que sustenta la organización patriarcal de la sociedad. Para Milagros Rivera (1994, citada en Orellana Rojas y Ronadelli Delpiano, 2022), el lesbianismo amenaza la estabilidad del modelo de sexualidad reproductiva que sostiene el parentesco. Mientras muchas mujeres sostienen la heterosexualidad obligatoria, las lesbianas, como señala Hoagland (1997), crean su propia realidad desde una ética distinta.
Al desligar el cuerpo femenino del deseo masculino y la lógica de lo natural y reproductivo, se produce la ruptura de la norma heterosexista que produce rechazo, exclusión, invisibilización y violencia. Al mismo tiempo, por no cumplirse los roles heteronormativos de la maternidad y crianza, las mujeres lesbianas son discriminadas en espacios educativos, laborales, de salud, familiares e incluso en contextos sociales. Si a esto le agregamos componentes que tienen que ver con la raza, religión, clase socioeconómica y expresión de género, la discriminación y exclusión es más fuerte.
La lesbofobia en chile no es un problema de agresiones fortuitas, es una herida profunda con nuestra cultura. Una herida abierta y que se hace más profunda cada vez que se invisibiliza, discrimina, excluye, normaliza el silencio y se cuestionan los derechos de las mujeres lesbianas.
En el contexto chileno resulta importante y con valor histórico colocar al debate las orientaciones sexuales específicas, ya que han sido consecuentemente omitidas en las ciencias sociales, las estadísticas oficiales y las políticas públicas.
“Por ello, es menester ir profundizando en investigaciones que ayuden a sustentar cambios estructurales, económicos y políticos con respecto a las disidencias y a la amplia diversidad de mujeres que habitan en los territorios del país” (Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, 2019, p. 57).
Si no se profundiza en un conocimiento exhaustivo de la existencia de mujeres lesbianas y bisexuales, las políticas públicas chilenas seguirán replicando una visión centrada en la heterosexualidad, lo que dificulta el reconocimiento y garantía de los derechos humanos para todas las personas.
“Visibilizar es político, porque una vez que visibilizamos somos capaces de transformar realidades, vidas y deseos. Visibilizar es una lucha que se transforma en acción, en una llama viviente” (Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, 2019, p. 57).
En último lugar, desde las ciencias sociales y más preciso desde la psicología, según la APA(2012), muchos psicólogos carecen de formación adecuada en diversidad sexual, lo que puede resultar en prácticas sesgadas o insensibles que requieren de educación continua y educación.
El trabajo con mujeres lesbianas y personas de la comunidad LGBTIQ+ es esencial a nivel cultural, según Bishop, Crisp y Scholz (2023), los terapeutas que cuentan con una formación en diversidad sexual, son capaces de reducir sus propios prejuicios y generar entornos terapéuticos inclusivos, lo que termina favoreciendo en una atención más efectiva y respetuosa.
Bishop et al. (2023) demuestra que la competencia cultural LGBTIQ+ no es una opción, sino una necesidad dentro de la psicoterapia contemporánea para asegurar una atención libre de sesgos y segura, sobre todo para mujeres lesbianas.
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