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En la noticia publicada por El Mostrador el 23 de enero de 2026, se aborda el impacto silencioso que los incendios forestales tienen en la salud mental de las personas, más allá de las pérdidas materiales y ambientales que dejan estas emergencias en la zona sur de Chile.
En la noticia publicada por El Mostrador el 23 de enero de 2026, se aborda el impacto silencioso que los incendios forestales tienen en la salud mental de las personas, más allá de las pérdidas materiales y ambientales que dejan estas emergencias en la zona sur de Chile. El artículo pone el foco en las consecuencias emocionales que afectan tanto a quienes han vivido el fuego de manera directa como a quienes permanecen bajo una constante sensación de amenaza e incertidumbre.
Desde ADIPA, el psicólogo y académico Jaime Olivos advierte que experiencias como evacuaciones masivas, alertas prolongadas y la exposición permanente a situaciones de riesgo generan respuestas psicológicas esperables, entre ellas miedo, ansiedad, angustia, irritabilidad, alteraciones del sueño y dificultades de concentración. Según explica el especialista, estas reacciones pueden manifestarse durante la emergencia o incluso días después, sin que necesariamente exista una pérdida material directa.
“Sentir miedo, ansiedad o enojo después de un incendio forestal es completamente esperable. Se trata de respuestas humanas normales frente a una experiencia extrema y potencialmente traumática”, señala Olivos, reforzando la importancia de normalizar estas vivencias emocionales y evitar juicios sobre cómo “debería” sentirse una persona tras una catástrofe.
El artículo también recoge datos de la Organización Mundial de la Salud, que indican que entre un 30% y un 40% de las personas expuestas a desastres naturales desarrollan síntomas psicológicos relevantes en las semanas posteriores. En este contexto, el académico de ADIPA subraya que la incertidumbre prolongada y la sobreexposición a noticias e imágenes impactantes intensifican el malestar emocional.
“No existe una forma correcta o incorrecta de sentirse después de una catástrofe”, explica Olivos, quien recomienda informarse solo a través de fuentes oficiales, limitar el tiempo dedicado a las noticias y promover espacios de desconexión como parte del autocuidado.
La afectación psicológica, además, se vuelve especialmente significativa en niños, niñas y adolescentes, quienes pueden manifestar su malestar mediante cambios conductuales, pesadillas, ansiedad de separación o dificultades de concentración. En estos casos, ADIPA enfatiza la relevancia de una observación atenta por parte de padres y cuidadores, y de buscar apoyo profesional si los síntomas se mantienen en el tiempo.
Finalmente, el especialista destaca que la pérdida del hogar o del entorno natural implica procesos de duelo profundos, donde el acompañamiento emocional y el fortalecimiento de las redes de apoyo resultan claves para recuperar la sensación de seguridad y esperanza.

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