Mg. Ps. Carolina Masson
Magíster en Cuidados Paliativos Oncológicos, Psicooncóloga-paliativista
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Hablar de cáncer sigue siendo un tema difícil y cargado de temor. Más allá del impacto físico, el diagnóstico oncológico conlleva un profundo efecto emocional que muchas veces permanece invisibilizado, haciendo indispensable una mirada integral que incluya el acompañamiento psicológico.

Hablar de cáncer sigue siendo, para muchas personas, un tema tabú y muy difícil de abordar, ya que existe temor, incertidumbre y una amenaza a la vida de forma inminente. Incluso cuando los avances médicos han permitido mejorar los tratamientos y aumentar la sobrevida de las personas que cursan con esta enfermedad, permanece una idea colectiva de desamparo y dolor. Asimismo, el impacto psicológico y emocional ante un diagnóstico oncológico continúa siendo profundo e impactante y, muchas veces, invisibilizado.
El cáncer no afecta solo al cuerpo, frase que debiese ser interiorizada no solo por las personas que atraviesan un cáncer, sino que también, por quienes acompañan a lo largo del proceso: ya que atraviesa la historia vital, los vínculos, los proyectos, la imagen e identidad de quien lo experimenta, así como también la de su entorno cercano.
Recibir un diagnóstico de cáncer suele generar un verdadero quiebre vital. Aparecen reacciones emocionales intensas y cambiantes, a veces difíciles de externalizarlas o comprenderlas, como el miedo a la muerte, la angustia frente a lo desconocido, tristeza, rabia, culpa, incluso vergüenza o la sensación de pérdida de control de todo lo conocido hasta ese momento. En muchos casos, las personas describen sentirse “desbordadas” o en “shock” como si la vida se acelerara de pronto sin dar tiempo a comprender lo que está ocurriendo, ubicándote en un lugar de irrealidad. Estas reacciones no son signos de debilidad o de poca fortaleza; lejos de eso, son respuestas humanas esperables ante una experiencia altamente estresante y potencialmente traumática.
El apoyo psicológico en oncología, como lo es la especialidad de psicooncología, cumple un rol fundamental desde el inicio del proceso del cáncer, ya que acompañar emocionalmente no significa “dar ánimo o fuerza” de forma superficial o de exigir una actitud positiva permanente a la persona. Por el contrario, implica ofrecer un espacio seguro y continuo, donde la persona pueda expresar libremente sus temores, dudas, sufrimientos, emociones e ideas, sin ser juzgada ni presionada a tener que hacerlo por un mandato social o familiar. Validar lo que se siente es fundamental, es parte de la comprensión y el abordaje psicoemocional y espiritual de manera respetuosa y centrada en el contexto individual de cada paciente. Lograr colocar palabras a lo que siente y duele desde lo más profundo del ser; puede ayudar a ordenar la experiencia poco a poco, desde un enfoque biopsicosocial, realizando actos terapéuticos profundamente compasivos y, en lo posible, adaptativos para la persona y su familia.
Numerosos estudios han demostrado que el acompañamiento y apoyo psicológico contribuye a disminuir síntomas de ansiedad y depresión, mejora la adherencia a los tratamientos médicos y favorece una mejor calidad de vida y bienestar integral en las personas con cáncer y su entorno familiar. Además, permite desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables, fortaleciendo recursos internos como la resiliencia, aceptación, esperanza realista y la capacidad de adaptación en las distintas etapas de la enfermedad. El bienestar emocional, psicológico y espiritual no cura el cáncer, pero sí puede influir de manera significativa en cómo se vive la enfermedad oncológica.
El impacto emocional del cáncer no se vive de la misma forma para todas las personas, ya que es una experiencia subjetiva, única y personal. Existen distintas fases de la enfermedad, como la sospecha diagnóstica, confirmación, tratamiento, recaídas, remisión o fase avanzada, y cada una plantea desafíos psicológicos específicos y particulares. Por ello, el acompañamiento debe ser flexible, empático, compasivo, continuo y ajustado a las necesidades psicosociales individuales, respetando los ritmos y las formas personales de cada paciente y familia.
Asimismo, el cáncer no afecta únicamente a quien recibe el diagnóstico. Las familias y cuidadores también experimentan altos niveles de estrés emocional, agotamiento y temor por su ser querido. Padres, hijos, parejas y hermanos suelen asumir roles de cuidado sin contar siempre con apoyo suficiente o educación en el cuidado, aumentando reacciones emocionales de connotación negativa, postergando su propio bienestar o autocuidado. Incluir a la familia en el abordaje psicológico permite mejorar la comunicación, disminuir sentimientos de soledad y prevenir el desgaste emocional, conocido como “fatiga del cuidador”. El paciente y la familia deben mirarse como una unidad en el proceso oncológico, no como actores separados e independientes.
Por otro lado, en el caso de niños con cáncer o cuando un familiar cercano atraviesa la enfermedad, el apoyo psicoemocional adquiere una relevancia aún mayor. La forma en que se les explica lo que ocurre, adecuando la información a su ciclo vital, significados y experiencias, e incorporándolos durante todo el proceso, permite aumentar factores protectores, junto al acompañamiento de emociones y mantención de rutinas protectoras que serán claves para evitar secuelas emocionales intensas a mediano y largo plazo.
Es importante considerar que los niños no siempre expresan su dolor o sufrimiento con palabras; muchas veces lo hacen a través del juego, el comportamiento o el cuerpo. Escucharlos y acompañarlos adecuadamente es una responsabilidad ética y socioemocional de los adultos y el equipo de salud.
Finalmente, un aspecto central del apoyo emocional en oncología es reconocer a la persona más allá de su diagnóstico y de la dimensión física. El cáncer no define a las personas. Acompañar psicológicamente implica también rescatar la historia, los valores, las creencias, los propósitos y proyectos que siguen existiendo, como parte de un continuo, aun en medio de la enfermedad. Para muchas personas, esto incluye la dimensión espiritual o existencial: preguntas por el sentido de la vida, la finitud, la fe o la trascendencia, que merecen ser acogidas con respeto y sensibilidad en cada etapa del cáncer.
El desafío está en seguir avanzando hacia una atención oncológica verdaderamente integral; implica comprender que el cuidado de la salud mental oncológica, no es un complemento opcional, sino un componente esencial del tratamiento en pacientes y familia. Humanizar el abordaje del cáncer implica escuchar activamente, contener y acompañar, entendiendo que detrás de cada diagnóstico hay una persona que siente, teme y espera; es una vivencia personal e intransferible.
Hablar de apoyo psicológico en cáncer es, en definitiva, es hablar de respeto, cuidado, compasión, y humanidad. Es reconocer que cuidar no siempre significa curar, pero sí acompañar, aliviar y sostener en cada momento. En un proceso donde muchas decisiones escapan al control personal, sentirse escuchado, apoyado y comprendido puede marcar una diferencia profunda en la manera de transitar la enfermedad oncológica.
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