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Revisado por: PhD (c). Mg. Ps. Eugenia Escalona
La terapia narrativa es un enfoque psicoterapéutico que plantea que las personas organizan su vida y sentido de identidad a través de historias. Fue desarrollada por Michael White y David Epston en los años 80.
La terapia narrativa es un enfoque psicoterapéutico que plantea que las personas construyen significado y organizan su experiencia a través de narrativas, y que los problemas surgen cuando estas historias dominantes resultan restrictivas, empobrecedoras o saturadas de dificultades (White y Epston, 1990).
El trabajo terapéutico consiste en facilitar la re-autoría (re-authoring) de estas historias, al aprender a deconstruirlas e identificar patrones en las formas de interpretar los acontecimientos o problemas de la vida. De esta forma, se reinterpretan los problemas o eventos desde una perspectiva más útil (Asociación Americana de Psicología, 2018), e identifican narrativas que reconozcan la agencia, los recursos y las posibilidades de cada persona.
El principio de externalización es uno de los principios más característicos de este enfoque, ya que en vez de internalizar los problemas como rasgos de carácter o atribuir causalidades a elementos biológicos (como se hace en la práctica psicológica clínica tradicional), en la terapia narrativa el problema se conceptualiza como una entidad separada con una existencia propia con la que la persona mantiene una relación específica.
En este sentido, se plantea que “la persona no es el problema, el problema es el problema” (White & Epston, 1990). Esto permite que el individuo recupere su capacidad de acción y renegocie su relación con las dificultades que enfrenta, pasando de ser un portador de síntomas a un agente activo en su propia vida.
El enfoque psicoterapéutico narrativo plantea que las personas organizan sus experiencias en forma de tramas narrativas para darles coherencia.
Esto se basa en la idea que “nuestras vidas son multihistoriadas. Hay múltiples historias ocurriendo al mismo tiempo, y se pueden contar diferentes historias acerca de los mismos eventos. Ninguna historia está libre de ambigüedad o contradicción, y ninguna historia puede encapsular o abordar todas las contingencias de la vida” (Morgan, 2000, p. 8).
Sin embargo, los seres humanos tienden a seleccionar ciertos eventos que encajan en una trama particular para formar una “historia dominante”, excluyendo sistemáticamente otros acontecimientos vitales que no concuerdan con esa trama.
Los eventos que quedan fuera de la historia dominante suelen pasar desapercibidos o descartarse como irrelevantes. El principio terapéutico crucial aquí es que la identidad es fluida y maleable, y que siempre es posible construir una historia de identidad más rica que reconozca la agencia, recursos y posibilidades de cada persona.
La terapia narrativa rechaza explícitamente la jerarquía tradicional del modelo de salud donde el terapeuta actúa como el experto que posee el conocimiento para diagnosticar y prescribir soluciones. En su lugar, adopta una posición ética de co-investigación. El terapeuta es experto en el proceso de hacer preguntas que abren posibilidades y en gestionar la conversación terapéutica, pero el paciente es considerado el experto indiscutible en el contenido de su propia vida, sus experiencias y sus valores.
En la terapia narrativa, el terapeuta adquiere una postura descentrada pero influyente, es decir, se mantiene descentrado en el sentido de que no impone sus propios significados, interpretaciones o teorías normativas sobre la vida del paciente, pero es influyente a través de la estructura intencional de las preguntas que formula y la selección de qué aspectos de la narrativa amplificar. De esta forma, el terapeuta se convierte en un colaborador que ayuda a la persona a reescribir su propia historia.
Este enfoque psicoterapéutico sostiene que las personas tienen las habilidades, competencias, creencias, valores y compromisos necesarios para cambiar su relación con los problemas, y el rol del terapeuta es hacer visibles y accesibles estos recursos que han sido oscurecidos u olvidados por la historia saturada del problema (Morgan, 2000).
“Siempre existe un contexto en el que se forman las historias de nuestras vidas. Este contexto contribuye a las interpretaciones y significados que les damos a los eventos. El contexto de género, clase, raza, cultura y orientación sexual contribuyen de forma poderosa a la trama de las historias según las cuales vivimos” (Morgan, 2000, p. 8).
El enfoque narrativo plantea que los problemas personales no ocurren en un vacío social, sino que están inextricablemente moldeados, mantenidos y reproducidos por el contexto en que el paciente está inserto. Las verdades que a menudo damos por sentadas sobre cómo debemos vivir, qué constituye el éxito, cómo se ve un cuerpo “normal” o qué define a una buena madre o a un hombre fuerte, son productos de discursos dominantes en la sociedad, por lo que en terapia narrativa se invita a cuestionar y analizar de forma crítica estos modelos.
La terapia se convierte así en una práctica que ayuda a las personas a desafiar las normas culturales que las subyugan y a vivir de acuerdo a sus propios saberes locales.
Puedes profundizar en los principios de la terapia narrativa y en sus aplicaciones en el siguiente seminario académico:
Las conversaciones de externalización son una práctica narrativa que tiene como objetivo principal separar el problema de la identidad de la persona. Es el primer paso necesario para que el paciente deje de sentirse culpable o “defectuoso”.
Sirve para despatologizar a la persona y liberarla de la culpa y la vergüenza paralizantes, ya que permite investigar el problema como un objeto de estudio separado, analizar sus estrategias, historia y efectos sin atacar la identidad del individuo.
En esta técnica se transforman adjetivos o atributos internos que la persona usa para describirse (por ejemplo, “soy una persona ansiosa”) en sustantivos o entidades externas (por ejemplo, “la Ansiedad”). No corresponde solo a una técnica semántica, sino que busca generar un cambio de paradigma y tener efectos en la atribución de causalidad y responsabilidad.
El terapeuta en vez de preguntarle al paciente: “¿Por qué eres tan inseguro?”, le podría preguntar: “Si tuvieras que ponerle un nombre a esto que te está molestando y susurrando dudas, ¿cómo lo llamarías? ¿Es ‘la Inseguridad’, ‘el Miedo al Juicio’, o tiene otro nombre?”.
Luego que se le ha asignado un nombre, el terapeuta procede a preguntar: “¿De qué te está intentando convencer ‘la Inseguridad’ sobre tu capacidad para hacer amigos?”, o “¿Cuándo suele visitar ‘el Miedo’ tu casa con más fuerza?”.
Es el proceso de entrelazar eventos aislados de la vida de una persona que previamente no tenían significado o eran ignorados, en una nueva trama coherente que refleje sus valores, esperanzas y compromisos.
Permite mover la identidad de una descripción delgada y negativa (basada en déficits y problemas) a una descripción rica y multifacética. Ayuda a la persona a verse como un protagonista con agencia, capaz de influir en la dirección de su propia vida basándose en evidencias históricas de su propia competencia (Morgan, 2000).
Se lleva a cabo buscando momentos en los que el problema no estuvo presente o en los que la persona lo desafió, con el objetivo de convertir esos momentos en narrativas e historias alternativas que reconozcan los logros, valores y habilidades de la persona.
Se navega entre el Paisaje de acción (los hechos) y el Paisaje de identidad (lo que esos hechos dicen sobre las capacidades de la persona).
Después de identificar un momento de logro, el terapeuta le pregunta al paciente:
“¿Qué dice sobre ti y sobre lo que valoras en la vida el hecho de que hayas dado este pequeño paso a pesar de que ‘el Miedo’ te decía que no lo hicieras?” (pregunta de Paisaje de identidad).
“Si miramos hacia atrás en tu historia, ¿hay algún otro momento en el que hayas defendido esta misma importancia de cuidarte a ti mismo?” (pregunta de Paisaje de acción).
Los unique outcomes, también llamados resultados únicos, acontecimientos extraordinarios o excepciones, son momentos, acciones, pensamientos o intenciones que contradicen la historia dominante del problema. Son eventos que el problema no predijo, no pudo controlar completamente o que escapan a su lógica.
Sirven como puntos de apoyo o puertas de entrada vitales para el desarrollo de historias alternativas, y le demuestran empíricamente al paciente que el problema no tiene un control del 100% sobre su vida, revelando competencia, resistencia y conocimientos ocultos.
Morgan (2000) explicaba los unique outcomes de la siguiente forma: “Cuando una persona es separada del problema o de la historia dominante del problema, y empieza a hablar de sí misma como alguien afectada por el problema en lugar de verse a sí misma como problemática, se abren opciones. Los momentos o las maneras en que ha estado o está actualmente separada de los efectos del problema, se vuelven más fáciles de pensar y de expresar”.
El terapeuta le puede realizar las siguientes preguntas a su paciente:
“¿Puedes recordar algún momento en la última semana, por pequeño que sea, en el que ‘la Rabia’ intentó apoderarse de ti, pero tú lograste mantenerla a raya, aunque fuera solo por unos segundos?”.
“¿Cómo lograste venir a la sesión hoy a pesar de que ‘la Depresión’ te decía que te quedaras en la cama?”.
Es el proceso intelectual y conversacional de examinar y cuestionar las ideas dadas por sentado, las verdades universales, las creencias culturales y los discursos sociales que sostienen la existencia y el poder del problema.
Aunque el término proviene originalmente del filósofo Jacques Derrida, Michael White lo adaptó a la terapia narrativa para describir el proceso de “desarmar” las verdades absolutas que oprimen a una persona.
Morgan (2000) planteaba que es del interés de los terapeutas narrativos el descubrir, reconocer y desarmar (deconstruir) las creencias, ideas y prácticas de la cultura en las que la persona vive, porque son estas las que están ayudando y reforzando el problema o la historia del problema. De esta forma, la deconstrucción logra situar el problema en su contexto social, cultural y político, reduciendo la sensación de fracaso personal aislado, ayuda a las personas a cuestionar normas opresivas (por ejemplo, expectativas de género rígidas, estándares de belleza inalcanzables y mandatos de productividad), y a dejar de medirse a sí mismas bajo la mirada de esos discursos; y permite abrir historias alternativas que asistan al paciente en desafiar estos moldes y que estén más conectadas con sus propias historias preferidas y estilo de vida.
El terapeuta podría realizar las siguientes preguntas:
“¿De dónde viene la idea de que los hombres no deben mostrar tristeza o vulnerabilidad?
“¿Te sientes cómodo con estas ideas?”
“¿A quién beneficia esa idea en nuestra sociedad y a quién perjudica?”
“¿Qué efectos tiene esa creencia en tu relación con la comida?”
Es la práctica de revisar y reorganizar el “club de vida” de una persona. En esta técnica narrativa, se considera que nuestra identidad no es algo individual y privado, sino que está compuesta por una red de personas (vivas, fallecidas, reales o incluso personajes de ficción) que han tenido una influencia en cómo nos vemos a nosotros mismos. Estas personas son los miembros de nuestro club.
El re-membering consiste en realizar una revisión de la membresía de ese club. Permite honrar y hacer presentes las contribuciones de personas significativas, y del consultante hacia esas personas.
También permite “revocar”, suspender o disminuir la membresía de figuras abusivas o negligentes, reduciendo su influencia actual.
“Si tu abuela que siempre creyó en ti estuviera aquí ahora, y viera cómo hoy defendiste tus valores, ¿qué crees que ella diría?
“¿Cómo contribuyó ella a tus valores de justicia social y empatía?”
“¿Qué aportaste tú a su vida que hizo que ella te mirara de esta forma?”
En la tradición de Michael White y David Epston, es una técnica narrativa donde el terapeuta escribe cartas al paciente tras una sesión. No es un resumen clínico, sino una pieza literaria que refuerza el trabajo hecho.
El texto escrito actúa como un registro y testimonio duradero y consultable de los avances, los descubrimientos y las historias preferidas. David Epston estimaba que una carta terapéutica bien construida puede equivaler al impacto de cuatro o cinco sesiones de terapia conversacional.
“Querido (nombre del paciente), estaba pensando después de nuestra sesión en lo que dijiste sobre no dejar que ‘el Fracaso’ te defina nunca más. Me llamó mucho la atención tu frase “Yo soy el autor de mi propio libro”. Me pregunto ¿cuáles son los siguientes capítulos que planeas escribir ahora que has retomado la pluma?”
Otra variante corresponde a las cartas terapéuticas escritas por el paciente, que tienen como objetivo externalizar, resignificar o fortalecer elementos que aparecieron en la psicoterapia. Utilizan principalmente la externalización y el re-membering.
El paciente le escribe una carta a “Ansiedad”:
“Hola, Ansiedad. Te escribo esta carta para informarte que ya no tienes permiso para decidir a qué hora me duermo. A partir de hoy ya no son necesarios tus servicios en mi vida. Ya no eres necesaria para supervisar mis acciones, mis pensamientos ni mis descansos”.
Consiste en la práctica de invitar a una tercera parte (puede ser otro terapeuta, un amigo o familiar del paciente, o grupos de reflexión) a escuchar la sesión o parte de ella, y luego ofrecer una reflexión estructurada sobre lo escuchado, siguiendo un protocolo estricto para evitar juicios o consejos.
Cada proceso y sesión son únicos, pero podría seguir esta estructura:
En lugar de hablar de “tu depresión”, el terapeuta invita al paciente a ponerle un nombre al problema:
“Si ese sentimiento de culpa fuera un personaje o una criatura, ¿qué nombre le pondrías?, ¿cómo se vería?”
→ Objetivo: lograr que la persona sienta que ella es la conductora de su vida y que el problema es algo externo que no define su identidad.
Se explora cómo el problema ha afectado la vida de la persona:
“¿Qué te ha convencido ‘El Miedo’ de hacer respecto a tus amistades?”
“¿Cómo ha logrado que dejes de lado tus pasatiempos?”
→ Objetivo: identificar el alcance del daño y las maneras que usa el problema para dominar.
Este es un paso crítico, ya que el terapeuta ayuda al paciente a tomar una postura frente al problema:
“¿Te gusta lo que ‘La Ansiedad’ está haciendo con tu tiempo libre?”
“¿Por qué sí o por qué no?”
→ Objetivo: que el paciente conecte con sus propios valores. Si dice que no le gusta porque valora su libertad, esa palabra (libertad) se convierte en la semilla de la nueva historia.
El terapeuta rastrea momentos en los que el problema no tuvo poder sobre la persona, por pequeños que sean:
“Cuéntame de alguna vez en la que ‘la Ansiedad’ intentó detenerte pero tú, aunque fuera por un segundo, lograste hacer lo que querías. ¿Cómo lo hiciste?”
→ Objetivo: proveer la evidencia real necesaria para comenzar a construir una historia de identidad alternativa o preferida.
La aplicación de la terapia narrativa es altamente adaptable, variando el lenguaje y las metáforas según la problemática y la edad del paciente, siempre manteniendo el principio ético de no patologizar.
En lugar de que el paciente diga “soy depresivo”, se le invita a tratar la depresión como una entidad externa que tiene tácticas y objetivos propios.
El terapeuta puede utilizar las siguientes técnicas y preguntas:
→ Nombre del problema (externalización): se le pide al paciente que le ponga un nombre. Por ejemplo, “Nube negra”, “Oscuridad”, “el Peso”, “el Ladrón de energía”, o “el Perro Negro” (cabe mencionar que este último fue una metáfora popularizada por Winston Churchill).
→ Preguntas:
“¿Qué planes tiene ‘el Perro Negro’ para tu vida social este fin de semana?”
“¿Qué te está robando ‘la Nube Negra’ en este momento que es importante para ti?”
“¿Cómo “la Oscuridad” intenta convencerte de que no te levantes en la mañana?”
→ Búsqueda de unique outcomes:
“¿Hubo algún momento esta semana en que lograste desobedecer a ‘la Oscuridad’, aunque fuera por cinco minutos?”
→ Meta: construir una nueva historia de resistencia y resignificación, y ayudar a la persona a reconectar con sus valores, esperanzas y agencia, desafiando la verdad de inutilidad que la depresión intenta imponer.
La ansiedad suele presentarse como una voz que advierte de peligros futuros. La terapia narrativa busca deconstruir esas “verdades” absolutas.
Las técnicas y preguntas a usar son las siguientes:
→ Nombre del problema (externalización): usualmente se externaliza como “la Preocupación”, “Monstruo del Pánico”, “Voz de Alarma”, o “Visitante no invitado”.
→ Preguntas:
“¿Qué te está tratando de decir ‘la Preocupación’ que va a pasar si sales de casa?”
“¿Cuánto de eso crees que es cierto?”
“¿Cuándo logra ‘Ansiedad’ hacerse más grande y cuándo logras tú hacerla más pequeña?”
→ Deconstrucción: si la ansiedad dice algo malo va a pasar, el terapeuta ayuda a rastrear de dónde viene esa idea: ¿Es una voz cultural? ¿Viene de experiencias pasadas?
Se analiza la historia dominante de la ansiedad.
→ Cartas terapéuticas: se pueden crear “certificados de valentía” o cartas donde el paciente le escribe a “Ansiedad” declarando su independencia.
Por ejemplo, “Querida Ansiedad, reconozco que intentas protegerme, pero hoy decido que yo tomaré las decisiones sobre mi vida, no tú”.
→ Meta: en los casos clínicos de ansiedad, se busca cambiar la relación con esta, pasando de estar fusionado y paralizado por ella (“soy ansioso”) a verla como una señal o un visitante molesto al que se puede gestionar, poner límites o negociar, recuperando así el territorio de vida perdido.
→ Nombre del problema (externalización): usualmente para externalizar se utilizan nombres como “El Crítico”, “Voz del juicio”, “Insuficiencia” o “La Vergüenza”.
→ Preguntas:
“¿Desde cuándo ‘El Crítico’ te acompaña en tu vida?”
“¿De dónde sacó ‘El Crítico’ sus estándares para juzgarte (familia, sociedad, medios)?
“¿Estás de acuerdo con esos estándares?”
“¿Hay momentos en que no estás de acuerdo con lo que dice ‘Insuficiencia’ sobre ti? ¿Qué dice eso de tus propios conocimientos?”
→ Meta: en los casos de problemas de autoestima e identidad la terapia narrativa busca deconstruir los estándares externos inalcanzables y fortalecer una identidad basada en los propios valores, logros y saberes locales, silenciando o quitando autoridad y credibilidad a la voz crítica interna.
→ Nombre del problema (externalización): en lugar de enfocar el duelo como un proceso de superación (decir adiós para siempre), la terapia narrativa enfoca el problema como la “Desconexión”, el “Olvido” o el “Dolor que silencia”.
→ Preguntas:
“Si (nombre de la persona fallecida) estuviera aquí, ¿qué consejo te daría para este momento difícil?”
“¿Qué partes de la personalidad de (nombre de la persona fallecida) ves viviendo en ti ahora?”
“¿Qué historias sobre ti le gustaría a (nombre) que siguieras contando y viviendo?”
→ Meta: incorporar la relación con el ser querido fallecido en la vida presente de una manera sostenible y enriquecedora. Se busca pasar del dolor paralizante de la pérdida a la celebración del legado y la conexión continua (la metáfora de “decir hola de nuevo” en lugar de adiós).
→ Nombre del problema (externalización): se externaliza el patrón de interacción o la dinámica, nunca a un miembro de la familia. Por ejemplo, “El Ciclo de Culpa”, “El Muro de Silencio”, “La Danza de la Ira”, “Conflicto”, o “Las Discusiones”.
→ Preguntas:
“¿Cómo logra ‘El Ciclo de Culpa’ ponerlos en contra uno del otro?”
“¿Qué tácticas usa ‘El Muro de Silencio’ para impedir que conecten emocionalmente?”
“¿Cuándo han logrado unirse ustedes dos como equipo para dejar fuera a ‘Conflicto’ y no dejarlo entrar en la casa?”
→ Meta: unir a la pareja o a los miembros de la familia en un equipo colaborativo contra el problema externalizado, reduciendo la culpa mutua y fomentando nuevas formas de relación basadas en el respeto, la comprensión compartida y la alianza frente a la adversidad.
La terapia narrativa es muy versátil y se ha aplicado con buenos resultados en una amplia gama de contextos clínicos, comunitarios y educativos. Es apta para niños, adolescentes y adultos.
Algunos de los casos en los que es útil son los siguientes:
Sin embargo, no siempre es el primer enfoque psicoterapéutico a aplicar si es que se presentan algunos de los siguientes casos:
La Terapia Cognitiva-Conductual se basa en una epistemología más modernista/positivista, buscando corregir pensamientos erróneos o distorsionados sustentándose en una realidad objetiva (evidencia empírica). La Terapia Narrativa, en cambio, se basa en el construccionismo social, no busca la verdad objetiva, sino la utilidad, el significado y los efectos de la historia para la vida de la persona.
Además, la TCC tiende a ubicar el problema dentro del individuo (en sus esquemas cognitivos), mientras que la Terapia Narrativa (TN) y otros enfoques, como la Terapia Sistémica, lo ubican fuera o entre las personas (en discursos culturales opresivos o pautas relacionales). Respecto a esta última, a menudo convive en la práctica clínica con la TN, ya que esta evolucionó desde la terapia familiar sistémica, añadiendo el análisis de poder de y la metáfora.
La evidencia sobre la terapia narrativa está en una fase de crecimiento y consolidación. Históricamente, este enfoque ha priorizado la investigación cualitativa y los estudios de caso por sobre los ensayos clínicos dominantes en la medicina basada en evidencia. Pero, en la última década, ha habido un esfuerzo por validar el modelo empíricamente.
Existen estudios y revisiones sistemáticas que muestran resultados prometedores, aunque la calidad metodológica y la heterogeneidad de los diseños varían considerablemente, lo que impide que sea clasificada con el mismo nivel o cantidad de evidencia que la Terapia Cognitiva-Conductual tiene en algunas guías clínicas estrictas. Dicho esto, determinados estudios que se han llevado a cabo han presentado buenos resultados y mejorías en los cuadros clínicos de los pacientes.
Por ejemplo, está el estudio de Lopes et al (2014), que evaluó la eficacia de la Terapia Narrativa vs la Terapia Cognitiva-conductual, en depresión moderada en adultos. En este ensayo clínico controlado se determinó que con la Terapia Narrativa el 53% de los pacientes alcanzó una mejoría clínicamente significativa y el 74% mostró una mejoría fiable después de ocho sesiones. También, el meta-análisis de Hu et al. (2024), indicó que la terapia narrativa tiene un efecto estadísticamente significativo en la reducción de síntomas depresivos en adultos, comparable en algunos casos a otras intervenciones establecidas, especialmente en poblaciones con trastornos somáticos.
Elegir un terapeuta es una decisión personal y crucial. Dado que la palabra “Narrativa” puede ser un término usado de forma laxa, para asegurarse que el profesional practica desde una ética narrativa genuina y rigurosa, se recomienda utilizar este checklist con preguntas dirigidas al terapeuta en la primera consulta:
“¿Cómo describiría su enfoque terapéutico?”
“¿Qué papel juegan las historias, el lenguaje y el contexto social en su trabajo?”
→ Buscar respuestas que mencionen la externalización, la colaboración y la no culpabilización.
“¿Tiene formación específica y supervisada en prácticas/técnicas narrativas?
¿Dónde se formó?”
→ Buscar menciones a centros reconocidos como el Dulwich Centre (Australia), el Vancouver School for Narrative Therapy, Pranas y Adipa (Chile/Latam), o institutos de terapia familiar acreditados.
“¿Cómo suele estructurar las sesiones?”
“¿Utiliza documentos, cartas terapéuticas o tareas entre sesiones?”
→ El uso de documentos escritos es un sello distintivo de la práctica narrativa de calidad.
“¿Cómo se definen los objetivos de la terapia? ¿Los establece el paciente o los sugiere el tarapeuta basándose en un diagnóstico?”
→ La respuesta debe ser fuertemente colaborativa, privilegiando las preferencias del paciente por sobre las metas del terapeuta.
“¿Qué pasa entre sesiones? ¿Suele enviar notas o proponer reflexiones para casa?”
“¿Tiene experiencia trabajando con determinados problemas en específico (por ejemplo, trauma, identidad de género, ansiedad, etc.)?
La terapia narrativa se consolida como un enfoque profundamente respetuoso y humano que transforma la relación que las personas tienen con sus dificultades. A través de diversas técnicas como la externalización y reautoría, las personas logran construir relatos más ricos y multifacéticos que honran sus valores, habilidades y esperanzas.
En este sentido, la terapia narrativa es un viaje colaborativo hacia la recuperación de la agencia personal, donde el paciente es reconocido como el verdadero experto en su propia historia.
Es un tipo de terapia respetuosa que ayuda a la persona a ver que ella no es el problema. Trabaja separando al individuo de sus dificultades para que pueda reescribir su historia de vida, rescatando sus fortalezas, valores y habilidades que han quedado olvidados u ocultos por el problema. Para esto, utiliza técnicas tales como la externalización, la re-autoría y la deconstrucción.
Externalizar el problema significa hablar del problema como algo que está fuera de la persona, no como un defecto de su personalidad. Es uno de los principios y técnicas centrales de la terapia narrativa, y se resume en la oración “la persona nunca es el problema, el problema es el problema”.
La externalización busca separar lingüística y conceptualmente la identidad de la persona de la patología o el conflicto.
Por ejemplo, si una persona dice “soy miedoso”, la externalización lo transforma a “el Miedo me visita a menudo y me impide salir”. Esto reduce la culpa, da perspectiva y devuelve el poder (agencia) para actuar.
Es el proceso creativo de conectar eventos positivos, logros o excepciones del pasado que antes quizás se ignoraban, para crear una nueva historia coherente sobre quién es la persona. Es pasar de una historia de “víctima” o fracaso a una de superviviente o persona con valores.
Sí, tiene una base de evidencia creciente y sólida en áreas específicas. Ha demostrado resultados prometedores en depresión y conflictos familiares. Aunque tiene menos estudios masivos que la Terapia Cognitiva-Conductual, la investigación clínica respalda su efectividad en el fortalecimiento de identidad y reducción de sufrimiento.
En Chile, Adipa ofrece formación especializada y profunda en terapia narrativa. Actualmente tiene programas orientados a prácticas narrativas con enfoque clínico para infancia y adultez. Todos sus programas y cursos son online, para que estudiantes y profesionales puedan aprender y conectarse desde cualquier lugar en el que estén, y cuentan con certificación.
Este contenido fue revisado por el equipo de contenidos de ADIPA y por la profesional PhD (c). Mg. Ps. Eugenia Escalona.
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