Ps. Alejandra González Cavieres
Es Psicóloga Clínica, certificada en Floortime, ADOS...
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Revisado por: Ps. Alejandra González.
El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad caracterizado por la incapacidad persistente de hablar en determinados contextos sociales, pese a que el niño o la niña posee habilidades lingüísticas adecuadas y puede comunicarse con normalidad en entornos donde se siente seguro.
Aunque muchas veces se confunde con timidez o falta de adaptación, el mutismo selectivo es un fenómeno clínico complejo que involucra ansiedad intensa en determinados contextos sociales. En niños y niñas, suele hacerse visible cuando comienzan a interactuar en espacios como el colegio, donde se espera participación verbal.
Para comprender cómo se manifiesta este cuadro y cuáles son sus principales características, entrevistamos a Ps. Alejandra González, psicóloga clínica certificada en Floortime, ADOS 2 Y ADI-R.
El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad infantil descrito en el DSM-5-TR, caracterizado por la incapacidad persistente de hablar en contextos sociales específicos donde se espera comunicación verbal, pese a que el niño o la niña habla normalmente en otros entornos.
Desde el punto de vista clínico, no se trata de una decisión voluntaria de permanecer en silencio, sino de una reacción de ansiedad intensa que bloquea el acceso al lenguaje en determinados contextos sociales.
“No es que no quiera hablar; en ciertas situaciones la ansiedad es tan alta que el habla se bloquea”, señala la psicóloga.
En algunos casos, el mutismo selectivo también puede presentarse junto a condiciones del neurodesarrollo.
“En algunos casos el mutismo selectivo aparece en niños neurodivergentes, por ejemplo en niños dentro del espectro autista o con perfiles sensoriales sensibles. En esos casos el silencio no se explica solo por ansiedad social”, explica la especialista.
Por ello, la evaluación clínica debe considerar el desarrollo completo del niño o niña y no centrarse únicamente en el síntoma del silencio.
Según el DSM-5-TR, el diagnóstico de mutismo selectivo considera los siguientes criterios principales:
El mutismo selectivo suele hacerse visible durante los primeros años de escolarización, cuando el niño o niña comienza a enfrentarse a contextos sociales más demandantes.
Las primeras señales suelen aparecer cuando los niños ingresan al jardín infantil o a los primeros años de escuela.
“Ahí se vuelve evidente que el niño habla en casa pero no habla en el colegio”, agrega la especialista.
Entre las señales tempranas más comunes se encuentran:
El mutismo selectivo puede observarse de manera distinta según el contexto social en el que se encuentre el niño o la niña.
El colegio es el espacio donde con mayor frecuencia se detecta este cuadro.
“En el colegio vemos niños que no responden cuando el profesor les hace una pregunta directa, aunque sí puedan responder después a un compañero o a un adulto de confianza”, comenta la psicóloga.
Algunas señales frecuentes incluyen:
Cuando existe presión por hablar, la respuesta emocional puede intensificarse.
“Cuando se les exige hablar muchas veces se produce una respuesta de ansiedad intensa. Se congelan, bajan la mirada, se ponen tensos o incluso lloran”, explica la especialista.
En muchos casos, los niños y niñas con mutismo selectivo logran comunicarse con normalidad cuando se encuentran en entornos donde se sienten seguros y no perciben presión social para hablar.
Los niños y niñas con mutismo selectivo generalmente:
Esta diferencia entre contextos es uno de los indicadores más característicos del trastorno.
A menudo el mutismo selectivo se confunde con timidez o dificultades del lenguaje. Sin embargo, existen diferencias importantes.
En esa línea, Ps. Alejandra González lo resume de la siguiente manera:
“Un niño tímido habla, aunque con dificultad. En el mutismo selectivo el niño directamente no logra hablar en ciertos contextos. En los trastornos del lenguaje el problema está en la capacidad lingüística, mientras que en el mutismo selectivo el niño sí tiene lenguaje”, explica.
El mutismo selectivo no tiene una causa única. Generalmente aparece por la interacción de diversos factores.
Algunos niños presentan características temperamentales que pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar mutismo selectivo, como:
El entorno social también puede influir en la aparición o mantención del mutismo selectivo.
“Un factor importante es la presión comunicativa en el entorno; cuando el niño se enfrenta a situaciones donde se le exige responder rápido o frente a muchas personas, la ansiedad aumenta”, señala la especialista.
Otros factores contextuales pueden incluir:
En algunos casos, el mutismo selectivo puede presentarse junto a otras condiciones, como:
“Esto no significa que siempre estén presentes, pero es algo que clínicamente vemos con cierta frecuencia”, menciona la psicóloga.
Es recomendable consultar con un profesional cuando el silencio del niño o niña se mantiene de forma persistente en contextos donde se espera comunicación verbal y comienza a afectar su participación social, escolar o emocional.
Entre las principales situaciones que requieren atención profesional se encuentran:
La evaluación clínica debe ser integral e incluir múltiples fuentes de información.
El proceso suele considerar:
Además, una parte importante de la evaluación consiste en identificar los gatillantes contextuales de ansiedad.
“Una parte relevante de la evaluación consiste en identificar en qué situaciones específicas aparece el bloqueo del habla”, añade la especialista.
Durante el proceso de evaluación clínica es fundamental realizar un diagnóstico diferencial, ya que el silencio en determinados contextos puede estar asociado a distintas condiciones del desarrollo o de la salud mental. Identificar correctamente el origen del problema permite orientar el tratamiento y evitar interpretaciones erróneas.
Entre las condiciones que deben considerarse y descartarse durante la evaluación se encuentran:
Realizar esta diferenciación es clave para comprender si el mutismo se explica por ansiedad situacional, por dificultades comunicativas del desarrollo o por otras condiciones del neurodesarrollo que requieren un abordaje específico.
El tratamiento del mutismo selectivo se orienta principalmente a reducir la ansiedad asociada a la comunicación y a ampliar de forma progresiva los contextos en los que el niño o la niña logra expresarse verbalmente. El objetivo no es forzar el habla de manera inmediata, sino generar condiciones de seguridad que permitan que la comunicación aparezca gradualmente.
Desde una perspectiva clínica, el abordaje suele ser multimodal e incluir intervenciones psicológicas, trabajo con la familia y coordinación con el contexto escolar.
El tratamiento suele incorporar distintas estrategias terapéuticas, entre ellas:
La familia cumple un rol fundamental en el acompañamiento emocional de niños y niñas con mutismo selectivo, especialmente en la creación de contextos seguros donde puedan comunicarse sin presión. Más que insistir en que el niño hable, el foco debe estar en comprender los factores que generan ansiedad y favorecer experiencias de interacción progresiva.
El entorno escolar también es clave para el progreso terapéutico.
“Cuando los adultos comprenden que el silencio no es actitudinal ni falta de interés, sino una señal de ansiedad, es posible crear contextos más seguros donde el niño pueda recuperar confianza para comunicarse”, señala la psicóloga.
El mutismo selectivo no es simplemente timidez ni falta de voluntad para hablar. Se trata de una respuesta de ansiedad que puede limitar la participación social, el aprendizaje y el bienestar emocional de niños y niñas.
Comprender sus señales, identificar los contextos que lo gatillan y ofrecer acompañamiento oportuno permite reducir el impacto de este trastorno y favorecer el desarrollo de la comunicación en entornos seguros.
No. Los niños tímidos hablan, aunque con dificultad. En el mutismo selectivo la ansiedad bloquea completamente el habla en determinados contextos.
Se observa principalmente en la infancia, aunque si no se aborda puede mantenerse durante la adolescencia e incluso en la adultez.
En algunos casos puede disminuir con el tiempo, pero cuando persiste es recomendable realizar una evaluación clínica.
No. En el mutismo selectivo el niño o niña tiene lenguaje adecuado, pero la ansiedad impide usarlo en ciertos contextos sociales.
La duración del mutismo selectivo es variable y dependerá de cada caso. Cuando no se interviene puede mantenerse durante años.
Si no se aborda tempranamente puede consolidarse como un patrón de evitación social y evolucionar hacia ansiedad social más compleja en la adolescencia.
Es fundamental reducir la presión por hablar, comprender los gatillantes de ansiedad y generar contextos seguros de comunicación.
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