Ps. Marcela Garcés
Psicóloga, Universidad de Chile.
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La adolescencia es una etapa de exploración y construcción de identidad, donde los gustos musicales juegan un papel fundamental. La música no solo refleja emociones, sino que también permite a los jóvenes expresar quiénes son.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2025), la adolescencia es la etapa de la vida ubicada entre la niñez y la adultez que va desde los 10 hasta los 19 años aproximadamente, aunque según autores ese rango podría variar.
Durante este periodo, además de cambios evolutivos, los adolescentes enfrentan expectativas culturales, como demandas académicas y vocacionales, así como exploración en relaciones interpersonales y conocimiento digital.
En este contexto, los adolescentes experimentan transformaciones significativas. Aunque estas también pueden presentarse en otros rangos etarios, el punto más reconocido ocurre con frecuencia en esta etapa.
Considerando esto, la fase de la adolescencia es clave en la construcción de la identidad, aquí se exploran gustos personales, valores, pertenencias y formas de expresión que contribuyen a la consolidación del self (Pfeifer & Berkman, 2018).
Entre estos gustos, la música es un tópico que no pasa desapercibido y que hoy en día ha adquirido especial importancia dentro de los jóvenes.
La música adquiere un rol significativo cuando las preferencias no son triviales, sino expresiones de posicionamiento subjetivo y emocional. Diversos estudios han evidenciado el impacto psicológico que esto puede generar en las personas.
Según Harvard Health Publishing, escuchar música y cantar estaría relacionado con la reducción del estrés y la ansiedad, mejorando en muchas ocasiones el estado de ánimo y generando bienestar psicológico (2022).
Escuchar música puede convertirse en un puente hacia la cultura del fanatismo, donde la experiencia no se limita solo a la audición, aquí los seguidores suelen involucrarse en un plano más íntimo.
Al participar en “fandoms” (comunidad de fanáticos), los adolescentes no solo escuchan, sino que asisten a conciertos, compran merchandising y siguen de cerca la vida de los artistas, estableciendo una conexión más profunda con ellos.
La participación en experiencias colectivas relacionadas a gustos musicales, presenciales o digitales, puede fortalecer el sentido de pertenencia y validación entre pares.
Esto cobra especial relevancia durante la adolescencia, etapa caracterizada por la exploración de la identidad, donde los jóvenes buscan sentirse incluidos y formar parte de un grupo.
Estar en un espacio donde se comparte admiración por un artista genera vínculos únicos, donde los adolescentes se sienten comprendidos y acompañados al compartir gustos similares.
A continuación se muestran ejemplos de fandoms que, según la evidencia, han generado un impacto positivo en la salud mental de sus seguidores habituales:
Un artículo publicado en la revista Social Science & Medicine, analiza cómo la narrativa musical y pública de la artista influye en la percepción corporal de sus fanáticas, ayudando incluso con la prevención y remisión de Trastornos Alimenticios (Pope & Rose, 2024).
Según una investigación realizada por la University of Nevada, Las Vegas, la música de este grupo surcoreano ayuda significativamente a “Army” a regular niveles de ansiedad y estrés e incluso logra aminorar sintomatología asociada a la depresión (Le, 2022).
Según Cañas y Avendaño (2025), la pertenencia a este grupo de fans ha influido positivamente en la autoestima de las participantes, brindando consuelo, esperanza y sensación de acompañamiento, favoreciendo redes de apoyo emocional.
Para muchos adolescentes, escuchar a su artista favorito constituye una estrategia de regulación emocional. En ciertos casos, esta conexión puede contribuir a disminuir síntomas de condiciones asociadas a la salud mental y prevenir conductas de riesgo.
En mi experiencia como psicóloga clínica infanto-juvenil, especializada en adolescencia, puedo decir que la exploración de gustos musicales ofrece información relevante.
Indagar en estas preferencias permite comprender dimensiones identitarias y emocionales del paciente, y así mismo contribuir con el avance de su proceso terapéutico.
Con frecuencia, los adolescentes manifiestan sorpresa cuando pregunto por sus gustos musicales o artista favorito: “Nunca una psicóloga me había preguntado eso”.
En las primeras sesiones siempre les menciono “quiero conocer tu problema, pero también te quiero conocer a ti” pues considero que explorar el mundo interno del adolescente, incluyendo sus gustos musicales, es un excelente recurso.
La adolescencia es una etapa de exploración y construcción de identidad, donde los gustos musicales juegan un papel fundamental. La música no solo refleja emociones, sino que también permite a los jóvenes expresar quiénes son.
Además, participar en fandoms y compartir preferencias fortalece la pertenencia, autoestima y las redes de apoyo emocional. Así, la música se convierte en un recurso clave para el bienestar psicológico y el desarrollo social en la adolescencia.
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