PhD (c). Mg. Ps. Jaime Olivos Daza
Psicólogo, Máster en Dirección y Gestión de...
Precio Programas: 0
Descuento de programas: 0
Subtotal: 0
Descuentos: 0
Subtotal - Descuentos: 0
Total: 0
Ir a pagarTu carro esta vacío
Última actualización:
Tiempo de lectura:4 minutos
Jean Piaget sigue siendo una figura clave para comprender el desarrollo cognitivo infantil. En esta columna, el psicólogo Jaime Olivos revisa la vigencia de su teoría, sus principales aportes y las críticas que la evidencia contemporánea ha planteado a su propuesta.

Pocas teorías han moldeado tanto la comprensión del desarrollo infantil como la de Jean Piaget. Más de un siglo después de sus primeras formulaciones, su obra sigue siendo un punto de referencia obligado para quienes trabajan en salud mental, educación y áreas afines. Sin embargo, la evidencia acumulada en las últimas décadas obliga a leerla con una mirada crítica y actualizada. Esta columna sintetiza qué se mantiene, qué se ha matizado y cómo dialoga Piaget con los enfoques contemporáneos.
La teoría del desarrollo cognitivo de Piaget concibe la inteligencia como un proceso constructivo y adaptativo. El niño no recibe el conocimiento de forma pasiva: lo construye activamente al interactuar con el entorno. Este proceso se articula mediante esquemas (estructuras mentales) que se modifican a través de la asimilación (incorporar la experiencia a esquemas previos) y la acomodación (ajustar los esquemas ante información nueva), buscando siempre un estado de equilibración.
Piaget describió cuatro estadios universales y secuenciales, que —según su formulación clásica— todo niño atraviesa en orden, sin saltarse fases. Esa pretensión de universalidad y secuencia fija es, justamente, uno de los aspectos más discutidos por la investigación actual.
El legado de Piaget es difícil de exagerar: su obra inspiró más de veinte mil textos secundarios y abrió el camino a la mayoría de la investigación posterior sobre la cognición. Tres aportes conservan plena vigencia profesional:
La revisión crítica más sólida proviene de estudios que no exigen al bebé manipular objetos. Piaget infería la ausencia de permanencia del objeto a partir de tareas de búsqueda; pero un bebé puede no buscar por falta de coordinación motora, no de comprensión.
Usando el paradigma de violación de la expectativa (los bebés miran más tiempo lo que les sorprende), Renée Baillargeon mostró indicios de permanencia del objeto hacia los 3,5–5 meses, mucho antes de lo que Piaget sostenía. En síntesis, Piaget subestimó las capacidades de los lactantes y sobreestimó las del adolescente (no todos los adultos alcanzan plenamente el pensamiento formal en todos los dominios).
Otras críticas robustas: la teoría descuidó los factores sociales y culturales del desarrollo; sus muestras eran reducidas y sesgadas (incluidos sus propios hijos), con escaso análisis estadístico; y la noción de estadios rígidos no captura la variabilidad real. El desarrollo se parece más a un mosaico que avanza a ritmos distintos según el dominio, que a un bloque homogéneo.
Lejos de ser descartada, la teoría fue reformulada. El propio Piaget revisó su «teoría estándar» hacia una «nueva teoría», y surgieron corrientes que conservan su núcleo corrigiendo sus límites:
Estos enfoques no anulan a Piaget: lo sitúan como el origen de una conversación científica todavía abierta, donde herencia, experiencia y contexto social se entienden como factores que interactúan, no como alternativas excluyentes.
Para el ejercicio clínico, educativo y organizacional, la lectura actualizada sugiere usar las etapas de Piaget como guías flexibles, no como referencias rígidas. Conviene observar el desarrollo por dominios específicos, ponderar el contexto cultural y social del niño, y evitar interpretar la falta de una conducta como ausencia de competencia. La evaluación debe combinar el legado piagetiano con métodos sensibles a capacidades tempranas y a la variabilidad individual.
Piaget no es un capítulo cerrado de la historia de la psicología, sino una estructura viva que la evidencia ha pulido. Su mayor aporte —concebir al niño como constructor activo de su conocimiento— sigue vigente; sus límites metodológicos y su rigidez de estadios han sido corregidos por la investigación posterior. Para el profesional, integrar ambas caras —el marco clásico y su revisión empírica— es la forma más rigurosa de comprender el desarrollo cognitivo.
Pocas teorías han moldeado tanto la comprensión del desarrollo infantil como la de Jean Piaget....
Leer másMuchas personas llegan a consulta mientras siguen cumpliendo todo lo que su vida demanda. Trabajan,...
Leer másConfirmo que he leído la información sobre este programa, disponible en el brochure y en el sitio web. Declaro cumplir con los requisitos para cursar este diplomado y me comprometo a enviar mi certificado de título, así como a firmar la carta de compromiso solicitada
Recibirás una notificación cuando el curso esté disponible.