Ps. Catalina Pando
Psicóloga, Universidad del BíoBío. Enfoque humanista y...
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¿Alguna vez le dijeron ‘controladora’ a la hermana mayor que solo trataba de cuidar? Detrás de esa etiqueta podría esconderse un TDAH nunca diagnosticado.

Cuando pensamos en el diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad puede venir rápidamente a nuestra mente la definición entregada en el Manual Diagnóstico DSM-V (APA, 2022). En el cual se destaca la incapacidad de cumplir tareas, escuchar a otros, quedarse quieto y/o cuidar de artículos personales.
Es sencillo llevar nuestra mente hacia un personaje que hemos visto a lo largo de nuestras vidas, el típico niño pequeño que no deja de moverse, que va de silla en silla y dificulta el quehacer de la clase, presentando bajas calificaciones pero una buena relación con sus pares.
Difícilmente, al buscar una imágen de forma inmediata, visualicemos a una mujer adulta con un trabajo estable y que mantiene vínculos sociales sanos. Porque no hemos sido preparados/as como profesionales para detectar aquel diagnóstico enmascarado en conductas funcionales.
Es nuestro deber entonces dar espacios para comprender cómo el TDAH se vive en estas realidades fuera de la figura cotidiana que se le ha entregado, casi como prototipo, a un diagnóstico que vamos comprendiendo cada día mejor.
Frente a lo anterior, no podemos obviar la brecha de género existente en la detección de este diagnóstico, considerando que a nivel mundial encontramos una cifra de relación 9:1, presente mayormente en varones (Martin et al., 2024).
De esta manera, el diagnóstico en mujeres suele ser tardío e invisibilizado pues comparte síntomas con trastornos comórbidos como la Ansiedad, Depresión o Trastornos de la Conducta Alimentaria. Los cuales pueden surgir desde no contar con el correcto tratamiento o entendimiento de esta condición.
Este diagnóstico es clarificado únicamente cuando se evidencia una disfunción mayor en comparación con “mujeres sanas”, lo cual genera que en la actualidad la mitad de esta población se encuentre con un diagnóstico erróneo o, en su defecto, sin ser diagnosticadas en lo absoluto (Otoya et al., 2022).
Las relaciones familiares no están exentas de dificultades frente a la detección efectiva del TDAH, esto debido a que se observan dinámicas amortiguadoras en las relaciones fraternas ante conductas de riesgo presentes en el sistema familiar, donde los hermanos mayores toman un rol de cuidado y protección de sus hermanos menores (Merino, 2020).
Es así que, al adoptar un rol de cuidado, las hermanas mayores presentan el doble de barreras frente un posible diagnóstico, pues su sintomatología pasa desapercibida por su círculo cercano, quienes llegan a etiquetarlas como mujeres problemáticas, controladoras e invasivas en la vida de los demás integrantes (Murillo y Ramos, 2025).
Poner énfasis en esta parte específica de la población femenina podría liberar de una gran carga emocional a muchas mujeres que se diagnostican tardíamente. La investigación en esta materia podría permitir que conozcamos en mayor profundidad los métodos de enmascaramiento y las conductas compensatorias que encontraremos en sesión.
De esta forma, estaremos entregando comprensión a un grupo que en la actualidad ha sido pasado por alto.
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