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Salud Mental como Derecho Humano Universal

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, la psicóloga y embajadora de Adipa, Natalia Ojeda, reflexiona sobre los recientes suicidios en el Metro de Santiago como un síntoma alarmante de una crisis más profunda: la precariedad del acceso a la salud mental en Chile. Esta columna invita a mirar el sufrimiento psicológico como un asunto de derechos humanos, justicia social y urgencia política.

Contenido

  1. Crisis de salud mental y suicidio en Chile: un llamado urgente
  2. La salud mental como derecho humano y desafío global
Salud Mental como Derecho Humano Universal

En los últimos meses, Chile ha sido testigo de varios suicidios en el Metro de Santiago, una realidad que duele y que no debería normalizarse. Cada persona que toma una decisión tan extrema es una historia interrumpida por la desesperanza, el silencio y un sistema que no logra llegar a tiempo, limitado por la falta de recursos y cobertura. Estos lamentables hechos nos recuerdan una verdad incómoda: aún tratamos la salud mental como un privilegio, y no como parte esencial del bienestar general y un pilar de los derechos humanos.

Crisis de salud mental y suicidio en Chile: un llamado urgente

Según los nuevos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en septiembre de este año, “más de mil millones de personas padecen trastornos de salud mental” (OMS, 2025). Más del 70 % de las personas con trastornos mentales graves, en países de ingresos bajos y medios no recibe atención, y la brecha puede alcanzar hasta el 85 % en contextos más vulnerables (OMS, 2025). Esta falta de acceso no solo afecta la vida
individual, si no también la cohesión social y el desarrollo de las comunidades.

A nivel mundial, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, con más de 700.000 muertes cada año (OMS, 2025). Por ello, el “Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013–2030” establece como meta reducir en un tercio la tasa global de suicidios antes del 2030. Sin embargo, los avances son desiguales. En Chile, las estadísticas del Ministerio de Salud evidencian un aumento en los suicidios durante la última
década, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes (MINSAL, 2020). Esta situación local refleja una crisis que no es exclusiva de Chile, sino que se repite en muchas partes del mundo.

Aunque existen esfuerzos institucionales, como la “Estrategia Nacional de Prevención del Suicidio”, aún hay brechas significativas en cobertura y atención. Las listas de espera, la falta de especialistas en el sistema público y las barreras de acceso a la atención privada perpetúan la inequidad. Cuando el sufrimiento no encuentra respuesta, los espacios cotidianos como el Metro se transforman en escenarios de dolor colectivo y normalizado.

En este contexto, el tema del Día Mundial de la Salud Mental 2025, “Acceso a Servicios: Salud Mental en Contextos de Catástrofes y Emergencias”, nos invita a reflexionar sobre otra cara de esta crisis. “En contextos de emergencia, una de cada tres personas padece una condición de salud mental, y una de cada veinte presenta una condición severa” (OIM, 2025). La pérdida de hogares, la violencia, el desplazamiento y la falta de apoyo
agravan los síntomas y dificultan el acceso a cuidados. Esto refuerza la importancia de la cooperación internacional y de fortalecer las redes comunitarias de apoyo.

El Programa de Apoyo Psicosocial y de Salud Mental (MHPSS) ha demostrado ser vital para prevenir daños a largo plazo, reducir el riesgo de suicidio y fortalecer la resiliencia. Aun así, enfrenta recortes presupuestarios que amenazan el acceso de más de 500.000 personas en 2025. Esto porque solo un 2 % de los presupuestos nacionales es destinado a la salud mental (OIM, 2025).

La salud mental como derecho humano y desafío global

Hablar de salud mental en este escenario es hablar de derechos, humanidad y justicia social. La falta de acceso a atención psicológica o psiquiátrica no debería condenar a nadie al sufrimiento o a la muerte. Necesitamos políticas públicas sostenidas, inversión en atención comunitaria, y un compromiso ético desde los Estados y las instituciones.

Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, recordemos que no hay salud sin salud mental, pero no es solo un tema de bienestar individual, sino un reflejo de nuestras prioridades colectivas. Porque garantizar el derecho a la salud mental no es solo una meta sanitaria, sino un imperativo ético. Porque cuidar la mente también es cuidar la dignidad humana.

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