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Música y salud mental: el poder de asistir a conciertos

Muchos salen de un concierto sintiéndose “renovados”, y la neurociencia por fin nos explica por qué. Descubre el poder oculto de la música en vivo.

 

Contenido

  1. El cerebro y el arte: más allá del entretenimiento.
  2. Música en vivo y bienestar humano: ¿Por qué asistir a conciertos nos hace bien?
  3. La sensación de conexión con otros.
  4. “Amnesia post concierto” : El fenómeno de no recordar lo que viví.
  5. Conclusiones

columna de opinion stephanie vallejos cl

El cerebro y el arte: más allá del entretenimiento.

Pese a que el arte y la cultura no son necesidades básicas para nuestra supervivencia, la ciencia apunta a que cumplen, de igual forma, un rol importante en nuestro bienestar. Actualmente, distintas investigaciones han demostrado que participar de experiencias artísticas y culturales puede generar efectos positivos en el cerebro humano, y por ende, en nuestra salud emocional y social.

Entre dichas experiencias encontramos la música en vivo, o los también llamados: conciertos, los cuales se posicionan como el segundo evento cultural al que más se asiste en Chile, con un porcentaje de participación del 38,5% según datos entregados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en un estudio realizado en 2024, en el mismo se reveló que un 75,4% de la población participa de espacios culturales y artísticos, por lo cuál conocer el impacto que estos traen para nuestra vida se vuelve fundamental.

 

Música en vivo y bienestar humano: ¿Por qué asistir a conciertos nos hace bien?

Menos estrés, más dopamina.

Cuando disfrutamos de la música muchas cosas están ocurriendo en nuestro cerebro. Gracias a técnicas tales como la fMRI (Resonancia Magnética Funcional) o el PET (Tomografía por Emisión de Positrones) la ciencia ha podido explorar no sólo cómo percibimos la música sino por qué esta es capaz de despertar emociones tan intensas en las personas.

Al hablar de música en vivo, todo esto se vuelve aún más complejo, ya que no solo estamos escuchando canciones, sino viviendo una experiencia multisensorial que modifica nuestra actividad cerebral y desencadena una compleja respuesta neuroquímica, capaz de generar diversas sensaciones y beneficios para quienes participan de ella.

Aquí resulta especialmente relevante mencionar el estudio de Salimpoor y colaboradores (2011), considerado un referente en la neurociencia de la música. Estos autores demostraron que escuchar música activa los circuitos cerebrales asociados a la dopamina, neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa. Pero quizás, el hallazgo más fascinante, fue descubrir que esta respuesta no se produce únicamente cuando escuchamos nuestra canción favorita, sino también cuando la esperamos. En otras palabras, parte del placer que experimentamos proviene de la anticipación: nuestro cerebro comienza a prepararse para la recompensa incluso antes de que llegue el momento más emocionante de la pieza músical.

Esto se vuelve fundamental si hablamos de asistir a conciertos, ya que en este caso, la activación cerebral podría comenzar mucho antes de llegar al evento, en momentos como comprar la entrada, comentarlo con tus amigos, hacer la fila, cuando las luces se apagan o cuando se tocan los primeros acordes, en todos estas oportunidades nuestro cerebro ya está comenzando a experimentar la satisfacción.

Pero ¿por qué esto es significativo para las personas?

La liberación de dopamina está lejos de ser solo una respuesta biológica, esta activación hace que los asistentes experimenten mayor placer, disfrute, entusiasmo y motivación y si a esto agregamos los hallazgos realizados por estudios como el de Fancourt & Williamon (2016), quienes observaron reducciones significativas en los niveles de cortisol antes y después de experiencias musicales en vivo, podemos comprender mejor cómo estos eventos promueven la satisfacción y felicidad, al mismo tiempo que bajan los niveles de estrés de sus participantes.

De esta forma, los conciertos, son mucho más que una instancia de entretenimiento. Constituyen experiencias capaces de generar respuestas cerebrales y fisiológicas complejas que influyen en nuestra percepción subjetiva de bienestar y, potencialmente, en nuestra salud, lo cual explicaría porque muchas personas señalan sentirse “renovadas” o “vivas” después de asistir a estos eventos, reportando incluso mejoras en su estado de ánimo que pueden persistir por horas o días después del concierto.

La sensación de conexión con otros.

Escuchar tus canciones favoritas en vivo y en compañía de personas que lo disfrutan tanto como tú ayuda a mejorar la expresión corporal, la confianza y fortalecer el sentido de pertenencia a la comunidad, algo vital para nuestra salud mental.

Pero ¿cómo ocurre esto? Cuando miles de personas escuchan la misma música, cantan, se mueven o anticipan los mismos momentos musicales, sus cerebros están procesando estímulos similares al mismo tiempo. Esto genera un fenómeno conocido como sincronía interpersonal o entrainment, donde comienzan a alinearse ciertas respuestas fisiológicas y emocionales entre los asistentes.
Un estudio publicado en Scientific Reports por Tschacher y colaboradores (2023) encontró que durante conciertos en vivo los asistentes mostraban sincronización en variables como la frecuencia cardíaca, la conductancia de la piel y los movimientos corporales. Además, esta sincronía aumentaba cuando las personas se sentían más emocionadas, inspiradas o inmersas en la música.
En otras palabras, cuando una multitud canta el mismo coro, se emociona con el mismo clímax musical o se mueve al mismo ritmo, no sólo comparte una experiencia subjetiva: también comienza a compartir ciertos patrones fisiológicos. Dicha sincronía activa mecanismos asociados a la empatía, la cognición social y el vínculo con otros, fortaleciendo la percepción de pertenencia y cohesión grupal, ayudando a explicar por qué muchas personas describen los conciertos como experiencias profundamente conectivas y significativas.

“Amnesia post concierto” : El fenómeno de no recordar lo que viví.

Muchas personas han señalado que luego de asistir a conciertos de sus cantantes favoritos no logran recordar la experiencia por completo, existiendo algunos que incluso refieren una aparente “pérdida total de memoria”, este fenómeno adquirió gran notoriedad luego de los recientes conciertos brindados por la cantante estadounidense Taylor Swift, donde una cantidad significativa de asistentes manifestó dificultades para recordar lo ocurrido una vez finalizado el espectáculo. Esto puso en discusión un fenómeno masivo que aún no es estudiado formalmente, pero que ha obligado a la neurociencia a buscar explicaciones, dando origen a diversas hipótesis, ninguna de las cuales ha sido confirmada de manera definitiva hasta la fecha.

Aquí se vuelven fundamentales los estudios de Elizabeth Phelps, neurocientífica y profesora de la Universidad de Harvard, especializada en el estudio de la emoción y la memoria. Sus investigaciones sugieren que las emociones intensas tienen la capacidad de modificar la forma en que almacenamos nuestros recuerdos. Lejos de mejorar cada detalle de una experiencia, altos niveles de activación emocional pueden hacer que ciertos elementos del evento queden grabados con gran nitidez, mientras que otros se almacenen de manera fragmentada o difusa. Así, más que una pérdida de memoria, la denominada “amnesia post concierto” podría reflejar la forma en que nuestro cerebro prioriza aquello que considera más significativo.

Por otro lado, psiquiatras pertenecientes al Centro Médico de la Universidad de Jersey Shore, se encuentran preparando estudios relacionados a esta experiencia, que señalan haber vívido en “carne propia”, agregando que dicho fenómeno podría deberse a procesos tales como el estrés de situación, el cual activa diferentes mecanismos en el cerebro que no permiten que los sucesos vividos se almacenan en la memoria, siendo también un factor relevante la edad que posee quien vivió dicha experiencia y la etapa en que su cerebro se encuentra.

Por último algunos psicólogos mencionan que los conciertos no son experiencias cotidianas y generan “tormentas neuroquímicas” , donde nuestro cerebro prioriza vivir la experiencia antes que “archivarla”, lo cual significa que no existió una “pérdida de memoria” como tal, ya que los recuerdos nunca fueron realmente registrados.

Si bien, aún no existe un acuerdo respecto del origen de este hecho, es real que muchas personas lo experimentaron y aunque no perjudicó su bienestar, sería interesante poder llegar a una explicación final, que permita prevenir la “pérdida”, ya que quienes lo han vivido refieren una marcada tristeza producto de no poder recordar uno de los mejores días de su vida.

Conclusiones

Desde mi experiencia en psicoterapia he podido acompañar a muchas personas que experimentan altos niveles de culpa por invertir parte de sus ingresos en aquello que no se considera una “necesidad básica”, aquí uno de los eventos que más se destacan como agregados a nuestras cuentas mensuales, son justamente los conciertos, eventos que suelen despertar un entusiasmo particular, pero también sentimientos de vergüenza o tensión por estar invirtiendo dinero en algo percibido como “innecesario”, en lugar de ahorrar o administrar esos recursos de una manera considerada más responsable.

Es cierto que asistir a eventos culturales o artísticos no resulta indispensable para nuestra supervivencia, pero también es real que participar de estos eventos no es solo invertir en entretenimiento, sino que como ya vimos, es también una inversión en bienestar emocional, social e incluso neurobiológico.

Los conciertos parecen brindarle al cerebro, y por ende a las personas, eso que cada tanto necesitamos y que difícilmente encontramos en nuestra rutina tradicional: experiencias emocionalmente intensas, compartidas y predeciblemente gratificantes, que elevan nuestros niveles de motivación y disfrute, brindándonos no solo un gran momento, sino también una percepción personal de bienestar, felicidad y pertenencia, sensaciones que también forman parte de una vida saludable.

Por ello, no se trata de gastar más de lo que podemos permitirnos ni de idealizar este tipo de experiencias, se trata más bien, de recordar que la calidad de vida no depende únicamente de cubrir nuestras necesidades básicas. Los seres humanos también necesitamos momentos que nos emocionan, nos conecten con otros y nos recuerden que vivir no consiste solo en sobrevivir, sino también en tener calidad de vida.

 

 

 

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