Mg. Dra. María Vergara
Psiquiatra Infanto-Juvenil, Magíster en Psicología Clínica Infanto-Juvenil....
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El citalopram es un antidepresivo del grupo ISRS utilizado principalmente para tratar la depresión. Aquí te explicamos cómo actúa, cuándo se indica y qué efectos puede tener en el organismo.
Revisado por: Dra. María Francisca Vergara, Psiquiatra y Magíster en Psicología Clínica Infanto-Juvenil.
El citalopram es uno de los medicamentos que se utilizan cuando la depresión empieza a afectar la vida cotidiana: el ánimo varía, la energía disminuye e incluso la forma en que una persona se relaciona con su entorno cambia. Aunque pertenece al grupo de los ISRS, su uso suele centrarse especialmente en el tratamiento de síntomas depresivos más que en otros cuadros. Entender cómo funciona y en qué casos se indica permite tener una visión más clara de su rol dentro del tratamiento en salud mental. Para comprender mejor este antidepresivo y desarrollar este artículo, contamos con la ayuda de la psiquiatra y magíster en psicología clínica infanto – juvenil, María Francisca Vergara.
Más que una pastilla para la depresión, el citalopram es una herramienta terapéutica que actúa sobre los sistemas de regulación emocional del cerebro. Su efecto se enfoca en la serotonina, una sustancia clave para el equilibrio del estado de ánimo, el descanso y la respuesta al estrés.
A diferencia de otros fármacos con mecanismos más amplios, el citalopram tiene una acción más dirigida, lo que en muchos casos facilita su uso y tolerancia. Sin embargo, su elección no es automática; depende del perfil de síntomas, la historia clínica y la evaluación de cada persona.
El citalopram está indicado en cuadros depresivos que generan un impacto sostenido en el funcionamiento de las personas, las características que estás suelen tener son bajo estado de ánimo, fatiga persistente, dificultades cognitivas o pérdida del interés. En estos casos, el tratamiento busca restablecer la regulación emocional alterada.
Aunque su uso está más asociado a la depresión, en algunos contextos también puede indicarse cuando hay:
Más que eliminar emociones, el objetivo del citalopram es reducir la intensidad de los síntomas y facilitar que las personas recuperen estabilidad, energía y capacidad de respuesta frente a su vida cotidiana.
Aunque el uso principal del citalopram es para cuadros depresivos, también se usa en casos de:
El citalopram influye en la forma en que el cerebro utiliza la serotonina, una sustancia clave para regular el estado de ánimo. Normalmente, esta se libera y luego se reabsorbe rápidamente; el medicamento interviene en ese proceso, logrando que la serotonina permanezca más tiempo disponible y activa en las conexiones neuronales.
En palabras más simples, podría entenderse como si prolongara el efecto de una señal entre neuronas, permitiendo que el mensaje se mantenga más tiempo. Aunque este cambio ocurre desde las primeras dosis, el cerebro necesita adaptarse a este nuevo equilibrio, por lo que los efectos sobre el ánimo y la ansiedad se perciben de forma gradual.
Al igual que todos los antidepresivos, el citalopram suele considerarse cuando los síntomas depresivos dejan de ser manejables por sí solos y comienzan a afectar distintas áreas de la vida. No se trata solo de que una persona se sienta triste, sino de un malestar que persiste, limita y no mejora con el tiempo.
En la práctica clínica, puede indicarse cuando aparecen situaciones como:
La decisión de iniciar tratamiento con citalopram no es automática. Requiere una valoración profesional que considere la intensidad de los síntomas, su duración y el impacto en la vida de la persona.
En su fase adaptativa, el citalopram puede generar algunas molestias al inicio del tratamiento. Lo más usual es que aparezcan en las primeras semanas, mientras el cuerpo se ajusta al medicamento.
Entre los efectos más habituales se encuentran:
Aunque la mayoría de estos efectos son leves y temporales, es importante prestar atención a su evolución. Si se intensifican o no desaparecen, lo más recomendable es consultar con un profesional antes de realizar cualquier cambio en el tratamiento o en la dosificación del fármaco.
El citalopram no genera un cambio inmediato en el estado de ánimo. Aunque desde los primeros días empieza a actuar a nivel cerebral, la mejoría la suelen percibir las personas de forma gradual, generalmente entre la segunda y la tercer semana de tratamiento.
Este desfase entre lo que ocurre en el cerebro y lo que la persona siente es normal. Factores como la dosis, el tipo de síntomas y la regularidad en la toma influyen en la velocidad de respuesta. Por eso, mantener la constancia y seguir las indicaciones médicas es fundamental para que el tratamiento sea efectivo.
Como lo confirmó la doctora Vergara; el desmonte o retiro del citalopram debe realizarse de forma gradual y con autorización y supervisión de un especialista. Al reducirse de forma progresiva, se garantiza que el organismo se adapte y así disminuir las posibilidades de síntomas de discontinuidad.
En el retiro de un antidepresivo, no hay generalidades; esto puede variar según factores como el tiempo que se haya tomado el medicamento, la dosis y la respuesta que haya tenido en la persona. Es importante mencionar que el desmonte también es una fase del tratamiento, por ende requiere acompañamiento médico.
Aunque citalopram y escitalopram pertenecen al grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y se utilizan para tratar depresión y trastornos de ansiedad, no son exactamente lo mismo. El escitalopram es una versión más selectiva del citalopram, ya que contiene el componente considerado terapéuticamente más activo del medicamento. En palabras de la psiquiatra Vergara:
“El escitalopram es una especie de evolución molecular del citalopram inicial”.
Debido a esta diferencia, en algunos casos el escitalopram puede asociarse a una acción más precisa o a una mejor tolerancia, aunque la respuesta depende de cada persona. Ninguno es “mejor” de forma universal: la elección entre citalopram o escitalopram depende del diagnóstico, los síntomas, la respuesta al tratamiento y la evaluación del médico tratante.
El citalopram puede ser una alternativa útil cuando la depresión comienza a impactar de forma sostenida las rutinas y el ánimo diario de las personas. Su efecto no es inmediato, por lo que requiere tiempo, ajuste y seguimiento profesional para evaluar su respuesta en cada caso. Como todos los tratamientos para la depresión, la recomendación general es un proceso terapéutico más amplio, donde también influyen la psicoterapia, los hábitos y el contexto personal.
No, el citalopram no genera adicción. Sin embargo, no debe suspenderse de forma brusca, ya que pueden aparecer síntomas de discontinuación. Siempre debe retirarse bajo supervisión médica.
Sí. Puede causar somnolencia en algunas personas, en otros casos, insomnio. Estos efectos suelen presentarse al inicio del tratamiento y pueden disminuir con el tiempo.
El citalopram puede producir cambios en el apetito, lo que en algunos casos puede influir en el peso. Sin embargo, no ocurre en todas las personas y depende de la respuesta individual.
No hay un medicamento mejor. El escitalopram es una versión más selectiva, pero la elección entre ambos depende de la evaluación clínica, los síntomas y la respuesta de cada persona.
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