Esta combinación de antecedentes, sumada a la difusión constante de robos, encerronas y homicidios en medios de comunicación y redes sociales, puede intensificar la sensación de inseguridad y modificar la forma en que las personas interpretan su entorno.
En la noticia publicada por ADN el 10 de julio de 2026, se abordó el impacto que la exposición permanente a contenidos sobre delincuencia puede generar en la salud mental de la población chilena, incluso en un escenario donde algunos indicadores oficiales de seguridad presentan mejoras.
Según el último Balance Nacional de Seguridad Pública citado por el medio, los homicidios disminuyeron cerca de un 16% durante el primer semestre de 2026, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, el informe también reportó un aumento en delitos de alta connotación, como secuestros, violaciones y lesiones graves.
Esta combinación de antecedentes, sumada a la difusión constante de robos, encerronas y homicidios en medios de comunicación y redes sociales, puede intensificar la sensación de inseguridad y modificar la forma en que las personas interpretan su entorno.
Roberto Marín, psicólogo y docente de la academia digital de psicología ADIPA, explicó que existe una diferencia relevante entre las cifras objetivas y la percepción individual del riesgo.
“Los datos son información objetiva, mientras que la percepción corresponde a una interpretación subjetiva de la realidad. Muchas veces las personas construyen esa percepción con la información que tienen más disponible, como las noticias, las redes sociales o los comentarios de su entorno”, señaló el especialista.
De acuerdo con el análisis del profesional, la exposición reiterada a contenidos delictuales puede favorecer estados de ansiedad, miedo crónico e hipervigilancia. También puede deteriorar la confianza interpersonal y consolidar la idea de que cualquier persona desconocida representa una posible amenaza.
“Comienza a instalarse una visión donde el mundo se percibe como un lugar permanentemente amenazante. El otro, especialmente quien no conocemos, puede transformarse en un potencial agresor”, explicó Marín.
Desde ADIPA se identifican tres grupos particularmente sensibles a este fenómeno: las personas mayores, debido a su exposición a información falsa o manipulada; adolescentes con un consumo continuo de plataformas digitales; y madres, padres y personas cuidadoras afectadas por noticias que involucran a niños, niñas y adolescentes.
El docente de ADIPA enfatizó la importancia de adoptar medidas razonables de protección, sin permitir que el consumo constante de información limite las actividades cotidianas o profundice el temor. “La delincuencia existe y debemos tomar medidas de resguardo razonables. Pero también debemos preguntarnos si nuestros temores están basados en hechos concretos o si están siendo alimentados por una exposición constante a contenidos que muestran solo una parte de la realidad”, concluyó.

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